El cuaderno azul de Maurice Maeterlinck

Descubierto entre sus documentos en la década de 1950 luego de su muerte y escrito alrededor del año 1888, el Cuaderno azul del poeta, dramaturgo y escritos belga Maurice Maeterlinck (1862-1949) es una reflexión, no siempre racional, de las diferencias, las fracturas y las discrepancias entre lo “latino” y lo “germánico” en el arte en general y la literatura en particular. Maeterlinck, principal exponente del teatro simbolista y Premio Nobel de Literatura en 1911, incluye en lo germánico a la pintura flamenca (recordemos que él mismo tenía orígenes flamencos, nacido en Gante, aunque de expresión francesa), la filosofía y la literatura alemanas, la poesía y prosa estadounidense (Whitman, Poe), y el teatro isabelino inglés.
Los escritos del Cuaderno Azul (del cual presentamos unos extractos) contienen una teoría del “germanismo” y manifiestan un supuesto predominio del arte germánico sobre el latino, a partir de la idea de que los pueblos bajo esa esfera se mantuvieron al margen del Renacimiento y conservaron sus raíces con la Edad Media, y por lo tanto con lo intuitivo y espiritual del ser humano. La Primera Guerra Mundial y la cruel e inhumana invasión alemana que sufrió su país cambiaron muchas de sus ideas.
Quizás sin saberlo, Maeterlinck fue de algún modo un “mediador” entre esas dos culturas que encontraron en el joven estado belga, creado en 1830, un territorio de mestizaje, sobre todo en la capital Bruselas.

El cuaderno azul (extractos)

Todo verso es oscuro en proporción a la inteligencia del poeta. Si lo explica quiere decir que está sorprendido de entenderse, lo que no denuncia gloriosas costumbres. Si es oscuro es que se entiende de inmediato, y se coloca por encima de todos aquellos que no lo entenderán.

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Constato que en Mallarmé, los Símbolos están siempre muy latentes, en reposo, y sin amargura visible. En vez, en Villiers son invariablemente activos e indiscretos, y emergen con reivindicaciones y maldiciones que perturbarían el agua mallarmeana, ya que Mallarmé evita esta agitación y esta agresión incluso en sus poemas más antiguos, y dudo que sea posible aclararla lo suficiente para que no sea como piedras preciosas en un manantial donde la bella imagen de la discreción es molestada y se retira.

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Germanismo.
El germanismo parece el sello del mundo nuevo, como el helenismo y la latinidad eran aquellos más conocidos por Nosotros de los dos antiguos. El germanismo es el nuevo contacto con la sustancia y literalmente una simpatía completa con las cosas. Hasta este siglo, la literatura francesa parece haber vivido de los restos de la latinidad salvo Villon, del cual habría que buscar los orígenes. Actualmente, es toda germánica.

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Para constatar también la pintura, toda germánica o no existente (salvo los primitivos italianos que tienen un contacto especial con la realidad —¿de donde? ¿por qué?). Las razas latinas, por otra parte, cargan casi solas hoy en día con todo el castigo del Renacimiento, que fue una falsedad, una hipocresía y una apostasía de la verdad, un engaño — y una decepción y un movimiento artificial.

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Los flamencos holandeses cargan en forma parcial con la raíces latinas la pena del renacimiento a raíz de su debilidad numérica que favorece su mezcla con esas razas.

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A constatar, la unidad de la poesía inglesa. Y germánica en general. Desde el origen es el mismo tipo de simpatía completa, empezando por las simpatías más simples, para terminar en las más delicadas, como un árbol siempre en la misma tierra que elevaría primero su tronco, luego sus ramas sus hojas y sus flores (analogía con el jardín inglés), mientras que en Francia son pequeños parterres diferentes, plantados (al azar) de gajos tomados en otros climas, vegetando a menudo bajo la luz artificial de la galantería.

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En Francia, salvo con raros intervalos, siempre han creído tener que dirigir su alma como un árbol frutal sobre una espaldera. En Inglaterra, lo han dejado crecer, como el gran tilo original y triste, de su jardín, teniendo a sus pies el estanque de mármol rojo, parecido a la fuente de arte que lo riega.

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En inglés, muchas cosas parecen venir del jardín. ¿Qué jardines en los versos franceses? Aquellos de Delille, por ejemplo. Curiosos somos de ellos con las formas cuadradas de versos y sus adjetivos y perífrasis que corresponden tan exactamente a los tejos y bojes podados de Le Nôtre.

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Cuando digo jardín, es la vestimenta externa de su arte, como la imagen misma es la vestimenta de mi pensamiento. Pero el origen es su amor ingenuo de la verdad, y su sinceridad.

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Para mí es esa la marca del poeta, su musa como diríamos, qué forma de mujer ha creado, o emana de sus obras, incluso cuando no haya hablado de ella, es el núcleo de fuego al cual el paisaje, decorado, pensamientos se subordinan.

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Rimbaut (sic), uno que da una impresión admirable, y aterradora, como de locura, porque es uno que ve realmente, y como por primera vez —

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Todo artista es un químico espiritual que dispone su alma a las reacciones de las impresiones — sus operaciones corresponden estrictamente a las manipulaciones materiales, o más bien son las mismas, ya que lo real solo existe intelectualmente

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Los poemas descienden en la historia de combinaciones de acontecimientos a combinaciones de sensaciones y palabras.

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Esos poemas que cruzan como plantas sucesivas en el alma del poeta y alrededor de las cuales se acumula, momentáneamente, todo el calor de su ser.

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El artiste tiene ciertos caprichos, ciertas preferencias, ciertas manias de palabras que constituye lo interno de su manera externa.

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La esencia de un pueblo está en sus relatos fabulosos —

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Hay que vivir, sufrir, ser feliz y morir en la imagen — (Vean la acumulación en los diálogos de Webster donde todos los personajes solo hablan en imágenes y donde extrañamente crean sin cesar detrás de ellos un fondo correspondiente a su atmósfera moral y sus acciones), si no, es como una flor muerta en un libro —

Le cahier blue (extraits)

Tout vers et obscur en proportion de l’intelligence du poète. S’il l’explique c’est quel est étonnée de se comprendre ce qui ne dénonce pas de glorieuses habitudes. S’il est obscur ce quel se comprend immédiatement, et se met au dessus de tous ceux qui ne le comprendront pas.

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Je note que chez Mallarmé, les Symboles son toujours très latents, au repos, et sans amertume visible. Au lieu que chez Villiers, ils son invariablement actifs et indiscrets, et émergent avec des reivindicaciones et des malédictions qui troubleraient l’eau Mallarméenne, or Mallarmé évite cette agitation et cette agression même en ses poèmes les plus anciens et je doute q’il soit possible de la clarifier assez pour que ce ne soit pas comme des pierres précieuses dans une source où la belle image de la discrétion en est inquiétée et s’efface.

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Germanisme.
Le Germanisme semble le sceau du monde nouveau, comme l’hellénisme et le Latinisme était celui des deux anciens les mieux connus de Nous. Le Germanisme est le contact nouveau avec la substance et proprement une sympathie complète avec les choses — Jusqu’en ce siècle, la literatura française semble avoir vécu des restes de Latinisme sauf Villon ; dont il faudrait rechercher les origines ; actuellement elle est tout Germanique.

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À noter aussi la peinture, toute Germanique ou n’existant pas (sauf les primitifs Italien qui ont un contact spécial avec la réalité (d’où? pourquoi?). Les races latines, d’ailleurs, portent presque seules aujourd’hui, tout le châtiment de la Renaissance qui a été une fausseté, une hypocrisie et une apostasie de la vérité, une tromperie — et une déception et un mouvement artificiel.

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Les Flamands Hollandais portent partiellement avec les races latines la peine de la renaissance à cause de leur faiblesse numérique favorisant leur mélange avec ces races.

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À noter l’unité de la poésie anglaise — et Germanique en général, depuis l’origine c’est la même genre de sympathie complète, commençant par les sympathies les plus simples pour se terminer par les plus subtiles, tel qu’un arbre toujours dans la même terre, qui élèverait d’abord son tronc, ensuite ses branches ses feuilles et ses fleurs, (analogie avec jardin anglais) tandis qu’un France, ce sont de petits parterres divers, plantés (au hasard) de boutures prises en d’autres climats, et végétant trop souvent à la lumière artificielle de la galanterie.

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En France, sauf à de rares intervalles, ils ont toujours cru devoir mener leur âme comme un arbre fruitier sur un espalier ; en Angleterre ils l’ont laissé croître, comme le grand tilleul originel et triste, de leur jardin, ayant à ses pieds le bassin de marbre rouge, semblable à la source d’art qui l’arrose —

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En Anglais, bien des choses semblent venir du jardin — Quels jardins dans les vers Français? Ceux de Delille par exemple — curieux en sommes avec les formes carrées de vers et leurs adjectifs et périphrases qui corresponden si exactement aux ifs et buis taillés de Le Nôtre.

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Quand je dis du jardin, c’est le vêtement extérieur de leur art, comme l’image même est le vêtement de ma pensée, mais l’origine c’est leur amour ingénu de la vérité, et leur sincérité.

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Pour moi c’est là la marque du poète, sa muse comme on dirait, quelle forme de femme a-t-il crée, ou émane de ses oeuvres, alors même qu’il n’en aurait pas parlé c’est le noyau de feu auquel le paysage, décor, pensées se subordonne.

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Rimbaut (sic), un qui donne une impression admirable, et effrayante, comme de folie, parce qu’est un qui voit réellement, et comme pour la première fois —

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Tout artiste est un chimiste spirituel disposant son âme aux réactions des impressions — ses opérations correspondent strictement aux manipulations matérielles, ou plutôt sont les mêmes, le réel n’existant qu’intellectuellement.

Les poèmes descendent dans l’histoire de combinaisons d’évènements à des combinaisons de sensations et de mots.

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Ces poèmes qui croissent comme des plantes successives en l’âme du poète et autour desquelles s’accumule, momentanément, toute la chaleur de son être.

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L’artiste a certains caprices, certaines préférences, certaines manies de mots qui constituent l’interne de sa manière externe.

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L’essence d’un peuple est dans ses récits fabuleux —

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Il faut vivre, souffrir, être heureux et mourir dans l’image — (Voyez l’accumulation dans les dialogues de Webster où tous les personnages ne parlent qu’en images et où étrangement ils créent sans cesse derrière eux un fond correspondant à leur atmosphère morale et à leurs actions) sinon elle est comme un fleur morte dans un livre —

Extraído de Paul GORCEIX (Editor), Fin de siècle et symbolisme en Belgique, Oeuvres Poétiques, édition établie et précédée d’une étude par Paul Gorceix, Editions Complexe, Bruselas, 1998. Presentación y traducción Mariano Rolando Andrade para Buenos Aires Poetry, 2018.