Viejos Huesos | Sam Hamill

Sam Hamill (1943 – 2018) siendo muy joven partió de Utah a California, se dirigió a San Francisco, ciudad en la que estaban ocurriendo muchas cosas en el campo de la poesía, entre ellas, aquello que la prensa denominó el ‘Renacimiento poético de San Francisco’. Allí en 1955 Allen Ginsberg leyó por primera vez en público, en la galería de arte Six, su emblemático Aullido; Lawrence Ferlinghetti y Kenneth Rexroth experimentaban leyendo sus textos acompañados por músicos de jazz, hecho que en más de una manera transformaría el ritmo, la respiración de la escritura poética norteamericana.

En ese ambiente privilegiado el joven Hamill tomaría contacto con Kenneth Rexroth, el autor de No matarás, su lamento por la muerte de Dylan Thomas el que influyó en Ginsberg cuando éste reescribía Aullido. Rexroth, un poeta reconocido, era también el conductor de un programa radial en el cual difundía la poesía de poetas como: Philip Lamantia, Gary Snyder, Denise Levertov, el hermano Antoninus y Robert Duncan, entre otros. Periódicamente reunía en su casa a poetas y les leía poemas en alemán, francés, japonés, griego y latín, los que luego traducía espontáneamente. Este fue el primer taller al que asistió el autor.

Hamill relata que Rexroth ponía especial énfasis en transmitir que la poesía no es, no debe, no puede considerarse un hecho incorpóreo. Ésta no es algo que sucede simplemente en la página, por el contrario representa la más alta expresión de la experiencia humana, tan cercana a la perfección como los enunciados del hombre puedan llegar a estarlo. Esta definición asimismo induce al poeta a aceptar sus responsabilidades personales ante el curso de la historia. A diferencia de Ezra Pound, pensaba que no se puede acceder a dicha corporización separadamente de aquello que denominaba una manifestación sincera, física y emocional, de la compasión.

La poesía de Hamill nos conecta con su biblioteca de clásicos y con varios poetas contemporáneos de la tradición poética norteamericana, muchos de ellos virtuales desconocidos en la lengua castellana como Hayden Carruth y Thomas McGrath. Una tradición vigorosa en tanto ha logrado sobrevivir en un país educado y preparado para la guerra. El que, sin embargo, ha logrado desarrollar una potente e inquietante tradición literaria que vindica la paz y la armonía entre los seres humanos.

Luego de terminar sus estudios secundarios y sin contar con los medios económicos para inscribirse en la universidad se enroló en el ejército y prestó servicio durante cuatro años en el cuerpo de marines, el que lo destinó al Lejano Oriente. No fueron años fáciles para el poeta pues estando bajo bandera decidió convertirse en objetor de conciencia y abrazó la causa pacifista, lo que le acarreó innumerables dificultades con sus superiores. Al finalizar su contrato regresó a su país en 1965, donde logró inscribirse en la Universidad de California, merced a una ayuda económica del estado. En 1972 fundó la editorial Cooper Canyon Press, la que ha sido reconocida en diversas ocasiones por sus servicios al género. Dictó talleres de poesía en escuelas, cárceles y a grupos de niños y mujeres golpeadas y ejerció el periodismo y la crítica literaria. Paralelamente publicó quince volúmenes de poesía, dio a conocer tres libros de ensayos vinculados con el oficio poético y realizó docenas de libros de traducciones del chino, japonés, griego, latín y estonio. Ha obtenido las becas que otorgan el National Endowment for the Arts, la Fundación Guggenheim, el Lila Wallace-Readers Digest Fund, el Andrew Mellon Fund, la Comisión de la amistad norteamericano japonesa, y en dos ocasiones su trabajo mereció el premio a las artes del estado de Washington. Su obra ha sido traducida al japonés, chino, griego, italiano, holandés, portugués, croata, lituano y castellano.

 


 

Las redes

En algún sitio alguien
a la orilla del mar
al calor de una pequeña hoguera
está desenredando
las pesadas redes del deseo.

Trabaja despacio, sus dedos sangran,
su mente a un tiempo y a medias,
piensa……. escucha……..
sabiendo que sólo el mar alimentará su sed.

Viejos huesos

1.

Pensando en libros durante toda esa tarde tranquila
partí leña. Recordé entonces a Snyder¹

haciendo un mango para su hacha
mientras él a su vez recordaba

a Ezra Pound treinta años antes
recordando a Lu Chi².

Usando el hacha, la olvido.
Cerrando mis ojos, veo.

2.

Treinta y un narcisos amarillos
florecen en el pequeño jardín.

La semillas caídas del aliso cubren todo
con sus pequeñas escamas de óxido.

Una brisa atraviesa las colinas siempre verdes.
Trinos de pájaros distantes.

Cuando Hui Neng³ destruyó los sutras,
sus huesos ya se habían transformado en polvo.

3.

Deseando únicamente un buen verso orgánico,
escribí mil sonetos.

Deseando un poco de paz,
plegué mil grullas de papel.

Cada disciplina una nueva evasión,
cada grulla de papel una finta.

Bashō no sabía absolutamente nada acerca del agua
hasta que oyó a esa rana.

Notas

1- Gary Snyder.
2- Lu Chi, maestro chino, autor de El arte de la escritura.
3- Hui Neng, patriarca del budismo Chan y Zen.

 

Traducción y presentación de Esteban Moore