“Lavorare stanca” | Cesare Pavese

Césare Pavese (1908-1950), nacido en Santo Stefano Belbo, fue uno de los poetas, narradores y críticos más importantes del Novecento italiano. Su primera publicación como poeta, Lavorare stanca, fue editada en dos ediciones, años 1936 y 1943. La experimentación literaria que Pavese llevaba adelante con ambas versiones no tenía precedentes en la tradición cultural italiana: definido como poema-relato, el laboratorio pavesiano se apoyaba en la construcción de imágenes concretas y objetos en movimiento, adelgazando la línea entre narrativa y poesía y combinando ambos géneros con evidente talento, un talento que había sido fundado por una evidente capacidad de trabajo arduo.
El descontento social -bajo el ala de su propio recuerdo de infancia, que había sido rodeada por el campesinado regional durante las primeras décadas del siglo-, la observación sensible que irrumpe en una sociedad fuertemente racista y el sentimiento de una íntima opresión mortuoria y amorosa son una magra aproximación al testimonio pavesiano, tan universal como específico de su época y región. La composición de Lavorare stanca había ocupado a Pavese durante, aproximadamente, doce años de su vida. Si tenemos en cuenta la rapidez con la que trabajó en la mayor parte de sus libros y su muerte prematura, se podría decir que este período de doce inviernos no es para nada desdeñable. Fueron años difíciles, en los que el autor debió afrontar una serie de sucesos vitales dramáticos, que incluyeron contactos con la Resistencia Italiana antifascista, breves exilios y persecuciones por parte del régimen de Benito Mussolini.
Césare Pavese se quitó la vida en un hotel de Turin al ingerir diez dosis de somníferos, el 27 de agosto de 1950. Tenía apenas 40 años. Sus memorias personales fueron publicadas, años después, bajo el título de Il mestiere di vivere. En esos cuadernos escribió hasta los últimos días de su vida. En una de las entradas finales, fechada el 17 de agosto, se lee: “Un clavo saca a otro clavo, pero cuatro clavos hacen una cruz.”

F.V.


 

Paisaje VIII

Los recuerdos empiezan a la noche
bajo el aliento del viento al levantar la cara
y escuchar la voz del río. El agua
es la misma, en la oscuridad, de los años muertos.

En el silencio de la oscuridad sube un chapoteo
donde pasan voces y risas remotas;
acompaña al murmullo un color vano
que es de sol, de orillas y de miradas claras.
Un verano de voces. Cada rostro contiene
como fruto maduro un sabor ya ido.

Cada mirada que retorna, conserva un gusto
de pasto y cosas impregnadas de sol a la tarde
sobre la playa. Conserva un aliento de mar.

Como un mar nocturno en esta sombra vaga
de ansiedades y escalofríos antiguos, que el cielo roza
y cada noche retorna. Las voces muertas
se parecen al estallido de aquél mar.

Paisaje VIII

I ricordi cominciano nella sera
sotto il fiato del vento a levare il volto
e ascoltare la voce del fiume. L’acqua
è la stessa, nel buio, degli anni morti. 

Nel silenzio del buio sale uno sciacquo
dove passano voci e risa remote;
s’accompagna al brusío un colore vano
che è di sole, di rive e di sguardi chiari.
Un’estate di voci. Ogni viso contiene
come un frutto maturo un sapore andato.

Ogni occhiata che torna, conserva un gusto
di erba e cose impregnate di sole a sera
sulla spiaggia. Conserva un fiato di mare.

Come un mare notturno è quest’ombra vaga
di ansie e brividi antichi, che il cielo sfiora
e ogni sera ritorna. Le voci morte
assomigliano al frangersi di quel mare.

Trabajar cansa

Atravesar una calle para escapar de casa
lo hace sólo un chico, pero este hombre que anda
todo el día por las calles, no es más un chico
y no escapa de casa.

En verano hay
tardes en que hasta las plazas están vacías, extendidas
bajo el sol que está por caer, y este hombre, que llega
por una avenida de plantas inútiles, se detiene.
¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo?
Solamente caminándolas, las plazas y las calles
están vacíos. Es necesario parar a una mujer
y hablarle y convencerla de vivir juntos.
De otra forma, uno habla solo. Es por esto que a veces
hay un borracho nocturno que ataca discursos
y cuenta los proyectos de toda la vida.

No es cierto que esperando en la plaza desierta
es como se encuentra con alguno, pero quien va por las calles
se detiene de vez en cuando. Si estuvieran de a dos,
aun yendo por la calle, la casa estaría
donde está aquella mujer, y valdría la pena.
De noche la plaza vuelve a estar desierta
y este hombre, que pasa, no ve las casas
entre las luces inútiles, no levanta más los ojos:
tan sólo siente el adonquinado, que han hecho otros hombres
de manos endurecidas, como las suyas.
No es justo quedarse en la plaza desierta.
Andará seguramente esa mujer por la calle
que, rogándoselo, quisiera dar una mano en la casa.

Lavorare stanca

Traversare una strada per scappare di casa
lo fa solo un ragazzo, ma quest’uomo che gira
tutto il giorno le strade, non è più un ragazzo
e non scappa di casa.

Ci sono d’estate
pomeriggi che fino le piazze son vuote, distese
sotto il sole che sta per calare, e quest’uomo, che giunge
per un viale d’inutili piante, si ferma.
Val la pena esser solo, per essere sempre più solo?
Solamente girarle, le piazze e le strade
sono vuote. Bisogna fermare una donna
e parlarle e deciderla a vivere insieme.
Altrimenti, uno parla da solo. È per questo che a volte
c’è lo sbronzo notturno che attacca discorsi
e racconta i progetti di tutta la vita.

Non è certo attendendo nella piazza deserta
che s’incontra qualcuno, ma chi gira le strade
si sofferma ogni tanto. Se fossero in due,
anche andando per strada, la casa sarebbe
dove c’è quella donna e varrebbe la pena.
Nella notte la piazza ritorna deserta
e quest’uomo, che passa, non vede le case
tra le inutili luci, non leva più gli occhi:
sente solo il selciato, che han fatto altri uomini
dalle mani indurite, come sono le sue.
Non è giusto restare sulla piazza deserta.
Ci sarà certamente quella donna per strada
che, pregata, vorrebbe dar mano alla casa.

Revuelta

Aquél muerto está desfigurado y no mira las estrellas:
tiene los cabellos pegados al adoquinado. La noche es más fría.
Aquellos vivos vuelven a casa, aun temblando.
Es difícil andar con ellos; se desbandan todos
y quien sube una escalera, baja a la bodega.
Hay alguno que sigue hasta el amanecer y se tira en un prado
bajo el sol. Mañana alguno se ríe,
desesperado, en el trabajo. Después, también pasa esto.

Cuando duermen, se parecen al muerto: si hay también una mujer,
es más pesada la sensación, pero parecen muertos.
Cada cuerpo se aprieta tirado en su cama
como al rojo adoquinado: el largo cansancio
desde el amanecer, bien vale una breve agonía.
Sobre cada cuerpo coagula una suciedad oscura.
Solamente, aquél muerto está extendido a las estrellas.

Parece muerto también el montón de harapos, que el sol
calienta fuerte, apoyado al tapialcito. Dormir
en la calle demuestra confianza en el mundo.
Hay una barba entre los harapos y corren moscas
que tienen que hacer; los peatones se mueven en la calle
como moscas; el pordiosero es una parte de la calle.
La miseria recubre de barba las risas
como una planta, y da un aire sosegado. Este viejo
que podría morir tirado, en la sangre,
parece en cambio una cosa y está vivo. Así,
excepto la sangre, cada cosa es una parte de la calle.
También, en la calle las estrellas han visto la sangre.

Rivolta

Quello morto è stravolto e non guarda le stelle:
ha i capelli incollati al selciato. La notte è più fredda.
Quelli vivi ritornano a casa, tremandoci sopra.
E difficile andare con loro; si sbandano tutti
e chi sale una scala, chi scende in cantina.
C’è qualcuno che va fino all’alba e si butta in un prato
sotto il sole. Domani qualcuno sogghigna
disperato, al lavoro. Poi, passa anche questa.

Quando dormono, sembrano il morto: se c’è anche una donna,
è più greve il sentore, ma paiono morti.
Ogni corpo si stringe stravolto al suo letto
come al rosso selciato: la lunga fatica
fin dall’alba, val bene una breve agonia.
Su ogni corpo coagula un sudicio buio.
Solamente, quel morto è disteso alle stelle.

Pare morto anche il mucchio di cenci, che il sole
scalda forte, appoggiato al muretto. Dormire
per la strada dimostra fiducia nel mondo.
C’è una barba tra i cenci e vi corrono mosche
che han da fare; i passanti si muovono in strada
come mosche; il pezzente è una parte di strada.
La miseria ricopre di barba i sogghigni
come un’erba, e dà un’aria pacata. ‘Sto vecchio
che poteva morire stravolto, nel sangue,
pare invece una cosa ed è vivo. Cosí,
tranne il sangue, ogni cosa è una parte di strada.
Pure, in strada le stelle hanno visto del sangue.


Traducción y presentación de Fermín Vilela | Buenos Aires Poetry, 2019.