Carta: Alejandra Pizarnik a León Ostrov

Alejandra Pizarnik inició una terapia psicoanalítica con León Ostrov a los 18 años. El tratamiento se interrumpió transcurrido poco más de un año, por el profundo interés de ambos por la filosofía y la literatura derivó en una relación de amistad que se afianza durante los años en que Alejandra residió en Francia (1960-1964).

Querido León Ostrov:

Le escribo desde Capri, en un café rodeado de barcas dentro de un mar sólo azul y bajo un cielo muy puro. Estuve tres días en Roma – siguiendo su consejo – y me enamoré de sus calles. Y me prometí volver por más tiempo. Ahora estoy en Capri -es mi primer día- y me siento descontenta… El mes pasado anduve tan cansada que no tuve fuerzas para elegir un lugar donde pasar mis vacaciones (1 mes).
Siguiendo el consejo de mi prima, estudiante de medicina, he venido a Capri por el Club Mediterranée, una suerte de agencia de viajes con ciertas influencias de los campamentos israelíes pues en vez de hotel hay cabañas y los integrantes de cada contingencia se manifiestan sumamente deseosos de hacer una vida comunitaria. Yo, más cansada que nueva, y sin poder hablar con nadie, cómo hablar con estos jóvenes que me recuerdan mi adolescencia idiota. Lo cierto es que estoy absolutamente exiliada de la sociedad y recién compruebo que no es una expresión vacía de sentido. Simplemente no tengo de qué hablar con ellos, no hay nada en común. Pero soy yo la que comprende, soy yo la que sabe. Esto es tan difícil de decir. Pero además no quiero hablar con. Con nadie. Quiero ver claro en mí.
Ando con deseos de volver a mi casa (a Bs. As.). Razones de salud. Cada día me siento más cansada, más enferma (nada más que vértigos y fatiga). Me gustaría ir a descansar unos meses. Pero al lado de París o Roma, qué haré en una ciudad tan fea como Bs. Aires. Pero no se vive en las calles. En fin, no sé cómo soportaré este mes de Capri no sólo por los imbéciles del club sino por las horribles playas. Otra cosa que me disgusta es el paisaje al estilo de las tarjetas postales clásicas. No hay duda, el surrealismo me hizo daño… No sé si le dije que me publicaron poemas en la N. R. F. y en Lettres Nouvelles. En fin, estoy cansada y sufro de insomnio.
Lamento esta carta sin humor, sin nada. Estoy carente de fuerzas para más. Además, ahora me angustia esta mezcla de francés, italiano y español que uso para la vida diaria. Hablar varios idiomas es no hablar ninguno. No en vano Rimbaud dejó la poesía e inmediatamente se dedicó a los idiomas. Así yo ahora, negándome a hablar el español aún con los que lo saben. Hace dos meses que no escribo poemas. Creo “conveniente” volver a descansar y a escribir.
Me gustaría decirle más. He mirado tanto y pensado y observado tanto estos días. Pero tal vez lo escriba, tal vez un cuento, una crónica sobre mi descubrimiento de lo idiota que puede ser la gente, que es. Y no obstante estoy triste por ello, por darme cuenta, yo si y ellos no. Si sabiendo lo que sé no escribo poemas hermosos… En fin, conflictos de alguien sin vida personal.
Le escribiré de nuevo, desde aquí o en cuanto llegue: “Perdón por la tristeza”. Abrazos para los tres,

Alejandra

Extraído de Alejandra Pizarnik & León Ostrov, Cartas, Edición de Andrea Ostrov, 2012 | Buenos Aires Poetry, 2020.