VALENTINA COLONNA: La cadencia suspendida | por Mario Chávez Carmona

 

La cadencia suspendida es un ritmo quebrado que avanza y se fija desde cada color encontrado en la naturaleza y en la arquitectura de la ciudad de Turín como melodía para darle forma rítmica a los espacios de la soledad. Valentina Colonna poetiza los aromas, las tonalidades, las formas, los movimientos, las transparencias para fijar su contemplación en lo cotidiano, percibido como oportunidad de lo nuevo que siempre vuelve a instalarse en la idea de que «cada estar es ausencia». El constante juego entre las palabras, la música y sus recuerdos la convierten en un testigo de su propia desaparición y «una innominable nada» como única posibilidad de la ciudad. El vacío que se cuela en sus versos son lamentos que reúnen el dolor y la dicha «de quien juega en el alba con los hechos». Un ambiguo espíritu de infancia que enciende el poema.

El origen de su voz es un cuestionamiento, si persiste el axioma: «Para los demás soy el otro». Un origen juvenil y alegre envuelto en las frías posibilidades «de quien hoy no está». La cadencia lleva a dejar a un costado las palabras, la suspensión del tiempo demuestra la causa de sus versos. Nacimiento del sonido en el papel para escribir mezclado con partituras y conciertos; su puesta en escena. Sus dedos escribientes unifican los abismos del espectáculo. El piano, su otro oficio, comparece con frecuencia en las sílabas y busca reordenarse en lo clásico de su formación, pero he ahí el golpe del ritmo: el sonido amoroso de los trenes, que despiertan un pensamiento sonoro y melancólico. El amor que mueve a los astros es reemplazado por amores ausentes y ambiguos que «convergen allá/ donde no se tocan». «Los andenes anuncian el sonido» de sus reencuentros, de una verdad que escapa de los recuerdos y sus perplejidades, y anuncian el movimiento errático como «a las palomas anuncian la fuga». Las estaciones son el frío devenir de un extraño tiempo, escenario de existencia de un viaje inmóvil.

En esta traducción presentamos una posibilidad hispánica del florecimiento de su música, otra cadencia que toma el protagonismo de renombrar a Turín como capital del vacío. Asimismo, queremos mantener el efecto que nos llega desde la lengua italiana y que Valentina Colonna resuena en la eclosión de las flores que arrastra en su retiro.

Mario Chávez Carmona

CONTINUUM

 

*

Me estoy yendo. No queda nadie más que yo
en la misma entrada nueva.

Posé mi valija
frente a una puerta, ayer,
primer piso,
a la hora del sol sobre las mesas,
cuando la Mole ríe.

La genista pierde por la calle
y las rosas emanan
el último aire en ropa oscura.

En el saludo mi sonrisa se abre
y muere. Está en el pelo
que pasa el féretro de los recuerdos.

Hoy suspendido el tiempo se detiene.
Mañana partiré.

De ti no me queda más que todo.

_

*

La lluvia está borrando mis pasos.
Hunde. Apaga.

Un reloj me detuvo por la calle.
“¿A dónde vas?” Corro.
Corro siempre en los sueños.

El tiempo pierde espacio
y el sueño siente a las cuatro
la muerte la lluvia la suerte.

“¿A dónde vas?”
“Déjame. Voy apurada.”
Corro siempre de día.

Ahora llueve ayer.
Mis pasos pesan de agua.

_

*

Los versos son de metro ternario.
Es la cigarra que habla.
La escucho desde que desciendo:
todo el año la he esperado, quieta
donde los días pasan lentamente.

Cuando la distancia es nada
las hojas se detienen.
Pasa también este
fotograma cortado.

El tiempo ya no avanza
más allí donde no estoy.

_


Selección extraída de La cadencia suspendida | Valentina Colonna| traducción de Mario Chávez Carmona para la colección Pippa Passes, ©Buenos Aires Poetry 2020.