El Navegante (The Seafarer) | Ezra Pound

Este poema ha sido traducido muchas veces por numerosos estudiosos, poetas y otros escritores. Entre 1842 y 2000 se registraron más de 60 versiones diferentes en ocho idiomas. Entre ellas se encuentran las traducciones por Edwin Morgan (1954), Kevin Crossley-Holland (1965), Michael Alexander (1966) y John Wain (1980), entre otras. La versión de Pound, publicada por primera vez en New Age el 30 de noviembre de 1911 y luego en su Ripostes en 1912 (además de Cathay), sigue siendo al día de hoy la más conocida de todas.

Numerosos críticos comparten la opinión de que Pound hizo un amplio uso de una traducción formal de los versos de la versión realizada por Lola LaMotte Iddings —incluida por Cook y Tinker en su Select Translations from Old English Poetry—, publicado por Ginn & Co. en 1902. Algunos han llegado incluso a sugerir que la utilizó como “guía”, y citan numerosos ejemplos de similitudes en la elección del vocabulario entre las dos versiones.

La traducción de Pound no está exenta de defectos. Los críticos han citado como ejemplo su traducción del término anglosajón stearn como “stern” (popa) en inglés (que significa la parte posterior o timón de un barco) cuando la palabra stearn etimológicamente es una variante del inglés moderno “tern” (golondrina de mar) aunque puede que se esté refiriendo a otro tipo de ave marina, quizás a una gaviota. Otro ejemplo es la traducción de Pound del término anglosajón byrig como “berries” (bayas) cuando el verdadero significado es “dwellings” (viviendas). También tradujo la palabra anglosajona englum (que significa ángeles) como “the English”.

Más allá de estos errores, la traducción de Pound reproduce ingeniosamente el sonido consonántico de la poesía anglosajona. Repite su cadencia en término de acentos y el ritmo de los versos, mientras que al mismo tiempo hace uso de enlaces aliterados frecuentes, en lugar de lo que aparece en la versión anglosajona como cesura. (Al igual que toda la poesía anglosajona, la versión anglosajona comprende una serie de acentos, cuatro por línea, divididos en la mitad por una cesura que rompe la línea en dos mitades separadas).

Juan Arabia

El Navegante

(A partir del texto anglosajón)

Pueda yo contar la verdad en mi propia canción,
Jerga de viaje, y de cómo en días difíciles
Las penurias he resistido.
Amargas preocupaciones en el pecho he soportado,
Conocido en mi quilla muchos temores,
Y terribles oleajes marinos, y con frecuencia muchas veces hice
Vigilancias nocturnas cerca de la proa,
Mientras la nave se lanzaba hacia los acantilados. Castigados por el frío,
Tenía los pies entumecidos por la escarcha.
Las cadenas estaban heladas; irritantes suspiros
Devastaron mi corazón y el hambre engendró
Un estado de ánimo de simple cansancio. Ningún hombre
Que vive en la hermosa tierra firma sabe
Cómo yo he sobrevivido maldito en el mar helado,
Soportado el invierno, miserable y desterrado
Privado de mis parientes;
Rodeado de duros copos de hielo, donde vuela el granizo,
No oía nada excepto el mar embravecido
Y la fría ola de hielo, mientras el cisne gritaba,
Para divertirme imitaba el clamor del alcatraz,
El ruido de las aves marinas me causaba risa,
El canto de las gaviotas¹ era toda mi hidromiel.
Tormentas, batidas en acantilados de piedras, caían sobre la popa²
Como plumas de hielo; a menudo el águila chillaba
Con espuma marina sobre sus alas.
………………………………………..Ningún protector³
Puede alegrar a un hombre desamparado.
Poco puede creer aquel que viviendo una vida encantadora
Permaneciendo entre los burgos y el comercio,
Sano y enrojecido por el vino, cómo yo,
A menudo cansado, debo aguardar en el océano.
Cerca de las sombras de la noche, desde el norte nevaba,
La escarcha congelaba la tierra, y el granizo caía,
El grano más frío. Sin embargo, allí golpeaba entonces
El pensamiento del corazón de que yo, en altas corrientes,
Debía atravesar solo el tumulto de las olas saladas.
Siempre pujaba el deseo de mi espíritu
De seguir adelante, de marcharme lejos
Y encontrar un lugar ajeno⁴.
Porque no existe hombre valeroso en medio de la tierra,
Aunque haya recibido su riqueza, que en su juventud no tenga avaricia;
O que no se haya atrevido a su hazaña, ni sea fiel a su rey,
Que no sienta nostalgia por el oficio del mar,
Sea cual sea la voluntad de su Señor.
No tiene corazón para tocar el arpa, ni para poseer anillos,
Ni encanto para la mujer, ni para el deleite del mundo
Ni ninguna otra cosa, salvo el choque de las olas,
Y el anhelo de navegar sobre el agua.
El bosque florece, llega la belleza de las bayas,
La hermosura a los campos, la tierra se torna más enérgica⁵,
Todo esto interpela al hombre impaciente,
El corazón se vuelve hacia el viaje y piensa entonces
En adentrarse a los lejanos caminos del agua.
Llama el cucú con lúgubre alarido,
Canta hacia el verano, presagiando tristeza,
La amarga sangre del corazón. No sabe —
El hombre próspero — lo que algunos hacen
Cuando errantes viajan a la deriva.
Por eso, cuando mi corazón estalla en el pecho,
Mi estado de ánimo me lleva a las profundidades,
Sobre los acres de la ballena, anhelando deambular lejos.
En el refugio de la tierra hasta mí llega,
Rápido y ansioso, el canto del ave solitaria,
Despierta irresistibles impulsos por el sendero de la ballena,
Por perseguir las huellas del océano; viendo que de cualquier manera
Mi Señor me da esta vida muerta
Como préstamo en esta tierra, y no creo
Que exista un bienestar eterno
Siempre sobreviene algo calamitoso
Que, antes de que se vaya la marea de un hombre, parte esto en dos.
Enfermedad o vejez o contienda de espadas
Golpean el aliento del cuerpo, aferrado a la fatalidad.
Y por eso, un conde cualquiera hablará después —
Alabanza de los vivos — y se jactará de una última palabra,
Para que tenga efecto antes de que muera,
En esta justa tierra contra la malicia de sus enemigos,
Acto atrevido⁶,…
Para que todos los hombres lo honren después
Y su gloria permanezca más allá, entre los ingleses⁷,
Sí, por siempre, una ráfaga de vida duradera
Un deleite entre los valientes.
………………………………………..Los días duran poco,
Así como toda la arrogancia de las riquezas de la tierra,
No habrá entonces ni reyes ni césares
Ni señores que despilfarren oro, como los que se han ido.
Aún en la mayor alegría magnificada,
O quienquiera haya tenido la vida más señorial,
Triste es toda su excelencia, ¡efímeros placeres!
Declina la guardia, pero el mundo se mantiene.
La tumba esconde las preocupaciones. La espada ha caído.
La gloria terrenal envejece y se marchita.
Ningún hombre avanza al paso de la tierra,
Porque la edad va en su contra, su rostro palidece,
Y canoso gime, sabe que sus compañeros se han ido,
Los nobles señores son devueltos a la tierra,
No puede él conservar el manto de carne que lo cubre, cuando la vida acaba,
Ni probar lo dulce ni sentir pena,
Ni mover la mano ni pensar con el corazón,
Y aunque cubrió la tumba de sus hermanos
Con oro, sus cuerpos enterrados
Son un improbable tesoro escondido.

NOTAS

¹ Sea mew bird.

² Ver nota de presentación.

³ Lola LaMotte Iddings escribe en su traducción: “There none of my kinsmen / Might gladden my desolate soul” (LOLA LAMOTTE IDDINGS, Select Translations from Old English Poetry, Ginn & Co.,1902, p. 45).

⁴ Lola LaMotte Iddings escribe en su traducción: “To seek out the home of the stranger in lands afar off” ( LOLA LAMOTTE IDDINGS, op. cit., p. 46).

⁵ Lola LaMotte Iddings escribe en su traducción: “Earth again burst into life” ( LOLA LAMOTTE IDDINGS, op. cit., p. 47).

⁶ “derring-do” (Michael Alexander, The Poetic Achievement of Ezra Pound, University of California Press, 1981, p. 70).

⁷ Ver nota de presentación.

The Seafarer

(From the early Anglo-Saxon text)

May I for my own self song’s truth reckon,
Journey’s jargon, how I in harsh days
Hardship endured oft.
Bitter breast-cares have I abided,
Known on my keel many a care’s hold,
And dire sea-surge, and there I oft spent
Narrow nightwatch nigh the ship’s head
While she tossed close to cliffs. Coldly afflicted,
My feet were by frost benumbed.
Chill its chains are; chafing sighs
Hew my heart round and hunger begot
Mere-weary mood. Lest man know not
That he on dry land loveliest liveth,
List how I, care-wretched, on ice-cold sea,
Weathered the winter, wretched outcast
Deprived of my kinsmen;
Hung with hard ice-flakes, where hail-scur flew,
There I heard naught save the harsh sea
And ice-cold wave, at whiles the swan cries,
Did for my games the gannet’s clamour,
Sea-fowls’ loudness was for me laughter,
The mews’ singing all my mead-drink.
Storms, on the stone-cliffs beaten, fell on the stern
In icy feathers; full oft the eagle screamed
With spray on his pinion.
………………………………………..Not any protector
May make merry man faring needy.
This he little believes, who aye in winsome life
Abides ‘mid burghers some heavy business,
Wealthy and wine-flushed, how I weary oft
Must bide above brine.
Neareth nightshade, snoweth from north,
Frost froze the land, hail fell on earth then
Corn of the coldest. Nathless there knocketh now
The heart’s thought that I on high streams
The salt-wavy tumult traverse alone.
Moaneth alway my mind’s lust
That I fare forth, that I afar hence
Seek out a foreign fastness.
For this there’s no mood-lofty man over earth’s midst,
Not though he be given his good, but will have in his
…….youth greed;
Nor his deed to the daring, nor his king to the faithful
But shall have his sorrow for sea-fare
Whatever his lord will.
He hath not heart for harping, nor in ring-having
Nor winsomeness to wife, nor world’s delight
Nor any whit else save the wave’s slash,
Yet longing comes upon him to fare forth on the water.
Bosque taketh blossom, cometh beauty of berries,
Fields to fairness, land fares brisker,
All this admonisheth man eager of mood,
The heart turns to travel so that he then thinks
On flood-ways to be far departing.
Cuckoo calleth with gloomy crying,
He singeth summerward, bodeth sorrow,
The bitter heart’s blood. Burgher knows not—
He the prosperous man—what some perform
Where wandering them widest draweth.
So that but now my heart burst from my breast-lock,
My mood ‘mid the mere-flood,
Over the whale’s acre, would wander wide.
On earth’s shelter cometh oft to me,
Eager and ready, the crying lone-flyer,
Whets for the whale-path the heart irresistibly,
O’er tracks of ocean; seeing that anyhow
My lord deems to me this dead life
On loan and on land, I believe not
That any earth-weal eternal standeth
Save there be somewhat calamitous
That, ere a man’s tide go, turn it to twain.
Disease or oldness or sword-hate
Beats out the breath from doom-gripped body.
And for this, every earl whatever, for those speaking after—
Laud of the living, boasteth some last word,
That he will work ere he pass onward,
Frame on the fair earth ‘gainst foes his malice,
Daring ado,…
So that all men shall honour him after
And his laud beyond them remain ‘mid the English,
Aye, for ever, a lasting life’s-blast,
Delight mid the doughty.
………………………………………..Days little durable,
And all arrogance of earthen riches,
There come now no kings nor Caesars
Nor gold-giving lords like those gone.
Howe’er in mirth most magnified,
Whoe’er lived in life most lordliest,
Drear all this excellence, delights undurable!
Waneth the watch, but the world holdeth.
Tomb hideth trouble. The blade is laid low.
Earthly glory ageth and seareth.
No man at all going the earth’s gait,
But age fares against him, his face paleth,
Grey-haired he groaneth, knows gone companions,
Lordly men are to earth o’ergiven,
Nor may he then the flesh-cover, whose life ceaseth,
Nor eat the sweet nor feel the sorry,
Nor stir hand nor think in mid heart,
And though he strew the grave with gold,
His born brothers, their buried bodies
Be an unlikely treasure hoard.


Extraído de Ezra POUND, Cathay : The Centennial Edition | Foreword by Mary de Rachewilts, Edited with an introduction and Transcrips of Fenollosa´s notes by Zhoaming Quian, New Directions Publishing Corporation, 2015 | Traducción del inglés al castellano de Juan Arabia | Buenos Aires Poetry, 2020.