Rossella Di Paolo: Yo quiero tanto a la poesía que a veces creo que no la quiero | Miguel Ángel Zapata

Paul Klee sostenía que el arte no reproduce lo que vemos, sino que nos permite ver. Ver, no en el sentido de mirar al otro lado del jardín, sino de abrir los ojos a la verdadera casa de la poesía. Un poema, entonces, puede visualizar lo invisible. Ese ver, en ocasiones inesperado, roza el vacío, la desesperación, y también el goce de un descubrimiento. San Juan de la Cruz pudo ver la casa sosegada del alma, a través de las profundas cavernas del sentido. César Vallejo vio a la muerte cruzar una calle con aguacero. Rossella Di Paolo asimila la tradición, y la remira con un lenguaje diáfano y complejo. Su cepa radica en la precisión de las imágenes, y en la meticulosidad de cada palabra construida. El cuerpo, la luz, la casa de la poesía, y el mar, son algunos de sus temas recurrentes. Sus poemas no lidian meramente con descripciones alborotadas ni crean palabras sin sentido para impresionar. Cada ladrillo de la casa de la poesía tiene un peso equilibrado. Espera con cautela a que la naturaleza le hable primero. Percibe el llamado con sigilo, sabe esperar.

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