La Muerte de San Narciso | T. S. Eliot

No hay evidencia que demuestre cuándo se envió este poema a Poetry (Chicago), de la cual Harriet Monroe fue fundadora y editora*. Hubo un intervalo de cinco años entre la “Class Ode” de Harvard y la próxima aparición de Eliot en forma impresa, con The Love Song of J. Alfred Prufrock, que se publicó, por recomendación de Ezra Pound, en el número de Poetry de junio de 1915. “La muerte de San Narciso” probablemente se escribió durante este intervalo, pero ciertamente no se escribió en tipo con miras a su publicación hasta después de la aparición de “Prufrock” .
Por otro lado, el hecho de que sus primeras líneas fueran incorporadas casi exactamente en The Waste Land (1922) no debe tomarse como una fecha posterior para su composición:

There is shadow under this red rock
(Come in under the shadow of this red rock),
And I will show you something different from either
Your shadow at morning striding behind you
Or your shadow at evening rising to meet you

*  La prueba de galera original, finalmente nunca publicada, es conservada en la Colección Harriet Monroe de la Universidad de Chicago.

La Muerte de San Narciso

Ven bajo la sombra de esta gris roca—
Entra bajo la sombra de esta gris roca
y te mostraré algo diferente de tu
sombra que se extiende sobre la arena al amanecer,
o tu sombra saltando detrás del fuego de la piedra roja:
te mostraré su tela ensangrentada y sus miembros
y la gris sombra en sus labios.

Alguna vez caminó entre el mar y los altos acantilados
cuando el viento lo hizo consciente de que sus miembros se cruzaban suavemente
y de sus brazos cruzados sobre el pecho.
Cuando caminaba por los prados
su propio ritmo lo sofocaba y lo calmaba.
Junto al río
sus ojos eran conscientes de las esquinas puntiagudas de sus ojos
y sus manos conscientes de las afiladas puntas de sus dedos.

Abatido por tal conocimiento
no pudo vivir al estilo de los hombres, sino que se convirtió en un bailarín antes Dios
si caminaba por las calles de la ciudad
parecía pisar los rostros, muslos y rodillas convulsivas.
Entonces salió del fondo de la roca.

Primero estuvo seguro de que había sido un árbol,
torciendo sus ramas entre sí
y enredando sus raíces una con otra.

Luego supo que había sido un pez
con el resbaladizo vientre blanco apretado entre sus propios dedos,
retorciéndose en su propio puño, su antigua belleza
atrapada rápidamente en las puntas rosadas de su nueva belleza.

Después había sido una muchacha
atrapada en el bosque por un viejo borracho
conociendo al final el sabor de su propia blancura,
el horror de su propia suavidad,
y se sintió borracho y viejo.

Entonces se convirtió en un bailarín para Dios,
porque su carne estaba enamorada de las flechas ardientes
bailó sobre la arena caliente
hasta que llegaron las flechas.
Mientras las abrazaba, su piel blanca se rindió
al enrojecimiento de la sangre, hallando satisfacción.
Ahora está verde, seco y manchado
con la sombra en su boca.

The death of Saint Narcissus

Come under the shadow of this gray rock—
Come in under the shadow of this gray rock,
And I will show you something different from either
Your shadow sprawling over the sand at daybreak, or
Your shadow leaping behind the fire against the red rock:
I will show you his bloody cloth and limbs
And the gray shadow on his lips.

He walked once between the sea and the high cliffs
When the wind made him aware of his limbs smoothly passing each other
And of his arms crossed over his breast.
When he walked over the meadows
He was stifled and soothed by his own rhythm.
By the river
His eyes were aware of the pointed corners of his eyes
And his hands aware of the pointed tips of his fingers.

Struck down by such knowledge
He could not live men’s ways, but became a dancer before God.
If he walked in city streets
He seemed to tread on faces, convulsive thighs and knees.
So he came out under the rock.

First he was sure that he had been a tree,
Twisting its branches among each other
And tangling its roots among each other.

Then he knew that he had been a fish
With slippery white belly held tight in his own fingers,
Writhing in his own clutch, his ancient beauty
Caught fast in the pink tips of his new beauty.

Then he had been a young girl
Caught in the woods by a drunken old man
Knowing at the end the taste of his own whiteness,
The horror of his own smoothness,
And he felt drunken and old.

So he became a dancer to God,
Because his flesh was in love with the burning arrows
He danced on the hot sand
Until the arrows came.
As he embraced them his white skin surrendered itself
to the redness of blood, and satisfied him.
Now he is green, dry and stained
With the shadow in his mouth.

Extraído de POEMS Written in Early Youth, by T.S. Eliot, Farrar, Straus & Giroux, New York, 1969, pp. 28-30 | Traducción y Nota de Juan Arabia | Buenos Aires Poetry, 2021.