Cliffhanging & otros poemas de «That Was Now, This Is Then: Poems» | Vijay Seshadri

Vijay Seshadri (1954) es un poeta, ensayista y crítico literario estadounidense radicado en Brooklyn, Nueva York. Junto a sus padres emigró a los Estados Unidos desde Bangalore, India, cuando tenía cinco años. Creció primero en Columbus, Ohio, donde su padre enseñaba química en la Universidad Estatal de Ohio, y luego en las afueras de Pittsburgh, Pensilvania.
Seshadri es autor de cinco libros de poesía: Wild Kingdom (Graywolf, 1996), The Long Meadow (Graywolf, 2004), The Disappearances: New and Selected Poems (Harper-Collins India, 2007), 3 Sections (Graywolf, 2013), y That Was Now, This Is Then (Graywolf, 2020), así como de numerosos ensayos, reseñas y memorias. Su trabajo ha sido ampliamente publicado, antologado y reconocido con una serie de premios, entre ellos el Premio Pulitzer de Poesía, que ganó en 2014 por 3 Sections. Otros premios de poesía incluyen el Laughlin Prize of the Academy of American Poets, The Bernard F. Conners Long Poem Prize, otorgado por The Paris Review, y el Award in Literature from the American Academy of Arts and Letters.
En una entrevista de 2004, Seshadri citó influencias que van desde Elizabeth Bishop hasta Walt Whitman, Emily Dickinson y William Blake. También reflexionó sobre sus influencias culturales, incluyendo la experiencia de ‘extrañeza’ siendo oriundo de la India y habiendo crecido en Ohio durante la década los 60.
Seshadri obtuvo su licenciatura (BA) en Oberlin College y una maestría en Bellas Artes (MFA) de la Universidad de Columbia. Actualmente es el editor de poesía de The Paris Review y profesor en Sarah Lawrence College. Vive en Brooklyn con su esposa, Suzanne Khuri.

Dialéctica

Me doy bien con el odio. Puro, preciso, modulado por sí mismo.
Creciendo mientras el mundo declina.
La historia decreta

que lo sabemos, y que Hegel y yo
ambos creemos en la historia.
Hegel y yo,
ambos nos damos bien

con el odio. Se resolverá solo, se quemará solo.
(O quizás no.)

Lo que Hegel y yo no soportamos
(y mete cuchara cuando quieras,
Herr Hegel)
es el amor.
¿Esto es lo que mueve el sol y las constelaciones?

Por favor.
“Papi, upa.”
“Te guardé un pedazo de pastel.”
Mete cuchara, Herr Hegel,
mete cuchara.

Dialectic

I’m fine with hatred. Pure, precise, self-modulating.
Waxing while the world wanes.
History decrees

that we know it, and Hegel and I
both believe in history.
Hegel and I,
both of us are fine

with hatred. It will work itself out, burn itself out.
(Or maybe it won’t).

What Hegel and I can’t stand
(and chime in whenever you want,
Herr Hegl)
is love.
This is what moves the sun and the stars?

Please.
“Daddy, carry me.”
“I saved a piece of pie for you.”
Chime in, Herr Hegel,
chime in.

¿Quién sabe el lugar o la hora?

Ahora es entonces, ahora sucedió entonces,
y entonces otra vez, y sucederá otra vez,
y entonces otra vez.

El conocimiento, no obstante—
no conocimiento,
exactamente, sino el eco superpuesto,
la imagen residual de

lo que sucede otra vez, otra vez—cambia,
o, al menos, llena y rellena,
el fantasma que llamamos sentido,
la solución para la cual somos el problema,

y que propone
que lo que sabemos es el fantasma
de lo que sabíamos una y otra y otra vez.

Who Knows Where or When?

Now is then, now happened then,
and then again, and is going to happen again,
and then again.

The knowledge, though—
not knowledge,
exactly, but the superimposed echo,
the afterimage of

what happens again, again—changes,
or, at least, fills and backfills,
the ghost we call meaning,
the solution for which we are the problem,

which proposes
that what we know is the ghost
of what we knew again and again and again.

Cliffhanging

para Tom Lux

Las fuerzas que salen a matarnos con su benevolencia
están más descontroladas hoy que cuando tú vivías.
Y más encauzadas también. Nuestra ingratitud las excita.
Proliferan de curas.
Esos impulsos providenciales suyos son un nimbo de cuchillos.
Esa necesidad suya de decir que nos aman, sí nos aman,
con todo su amor en vano…

Antes de morir dijiste que esto sucedería.
Gracias por advertírmelo. Si bien no me avisaste
que hasta nuestros propios fantasmas nos perseguirían,
escapándose de los poemas que nosotros mismos creamos.
Son indiferentes a la piel tersa en la cual los hemos envuelto
a fin de que pudieran observar los órganos latiéndoles al interior.
Solo saben que les hemos engendrado los ojos con demasiado brillo.
Ven más de lo que pueden tolerar,
más de lo que alguna vez nosotros mismos podríamos o estaríamos dispuestos a
…………..tolerar. Ven ese salvajismo sin fin
que nunca hubiéramos soportado ver,
y por ende les hemos impuesto nuestra mirada.
Por esa razón nos odian. Nos han cortado las líneas de comunicación,
y con una sierra amputan la puerta principal.

Estoy un poco preocupado conmigo mismo porque
toda esta hostilidad en cada rincón me irrita
mucho menos de lo que debería. ¿Por qué tal desconexión? Vaya uno a saber.
Sí, la hora de tomar recaudo pasó hace rato.
La gran ola que quiebra la cresta del mundo
crece, incesantemente, llevándome tierra adentro,
para luego escupirme y dejarme colgando de un brazo
en el borde de un acantilado carcomido.
No me dejaré caer, pero tampoco pretendo levantarme.
Soy ambivalente. Lo soy ahora y por siempre.
Pero si tú estuvieras aquí, mirándome desde lo alto, diciendo
“Dame la mano, dámela vamos”, lo haría, lo sé, seguramente que lo haría.

Cliffhanging

for Tom Lux

The forces out to kill us with their benevolence
are more crazed now than they were when you were alive.
And more focused, too. Our ingratitude excites them.
They’re bubbling with remedies.
Their providential impulses are a nimbus of knives.
Their need to tell us they love us, love us,
with all their love in vain …

You said before you died that this would happen.
Thanks for the warning. You didn’t let me know, though,
that even our phantom selves would come after us,
crawling out of the poems we made.
They don’t care about the transparent skin we wrapped them in
so they could watch their organs pulsing within.
All they know is that we made their eyes too bright.
They see more than they can stand,
more than we ever could or would. They see the unending savagery
that we could never really bear to see,
and so we consigned our sight to them.
They hate us for it. They’ve cut the phone lines,
and are chain-sawing the front door.

I’m a little worried about myself because
all this hostility from every quarter bothers me
much less than it should. Why the disconnect? I can’t figure it out.
And it’s long past time to take precautions.
The great wave that breaks through the crust of the world
is rising and rising and lifting me far inland,
only to suck me back and drop me dangling by one arm
on the edge of the half-eaten cliff.
I won’t let myself fall, but I don’t want to pull myself up.
I’m ambivalent. I’m ambivalent forever now.
But if you were here, looking down on me and saying,
“Grab my hand, grab my hand,” I would, I know, I surely would.


Extraído de Vijay Seshadri, That Was Now, This Is Then: Poems (Graywolf Press, 2020) | Translated from the English by Patricio Ferrari and Graciela S. Guglielmone | Buenos Aires Poetry 2022