«Visitas a Saint Eliza-beths», de Elizabeth Bishop

El poema hace referencia al hospital psiquiátrico donde la bonhomía del gobierno norteamericano encerró durante más de dos décadas, cuando ya contaba casi sesenta años, a Ezra Pound (1885-1972), acusado de colaborar con el fascismo italiano. Luego de entrar en Italia, los aliados capturaron al poeta y lo exhibieron públicamente, durante algunos meses, en una jaula de hierro diseñada expresamente para que no pudiera ponerse de pie.

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Este es el manicomio.

Este es el hombre trágico
que yace en el manicomio.

Este es el tiempo
del hombre trágico
que yace en el manicomio.

Este es un reloj pulsera
que dice la hora
del charlatán
que yace en el manicomio.

Este un marino
usando el reloj
que dice la hora
del afamado hombre
que yace en el manicomio.

Este es el muelle de madera
adonde arriba el marino
que usa el reloj
que dice la hora
del viejo hombre de coraje
que yace en el manicomio.

Estos son ahora los años y los muros del salón,
los vientos y los nubarrones del mar entablonado
gobernados por el marino
que usa el reloj
que dice la hora
del irritado hombre
que yace en el manicomio.

Este es un judío que bailotea sollozando
con un sombrero de papel de diario por todo el salón,
sobre el crujiente mar de las tablas del piso,
allí… más allá del marino,
que le da cuerda al reloj
del cruel sujeto
que yace en el manicomio.

Este es un mundo de libros derruidos.
Este es un judío con sombrero de diario
que bailotea sollozando por todo el salón,
sobre las tablas del mar crujiente
del piradísimo¹ marino
que le da vueltas y vueltas a las manecillas del reloj
que dice la hora
del muy ocupado sujeto
que yace en el manicomio.

Este es un muchacho que patea el piso
a ver si sigue allí y continúa siendo chato,
para el judío viudo con sombrero de papel
que bailotea sollozando por todo el lugar,
valseando a todo lo largo de un listón que sube y baja,
al lado del silencioso marino
que ahora está atento sólo al tic-tac del reloj
que dice la hora
del hombre aburrido
que yace en el manicomio.

Estos son los años transcurridos y los muros y la salida
que se cierran sobre el muchacho que patea el piso
para comprobar si continúa allí y sigue siendo chato.
Este es un judío con sombrero de papel
que bailotea ya por debajo del salón, con deleite,
atravesando las divididas olas del mar de tablas,
más allá del marino
que sacude su muñeca con la vista fija en el reloj
que dice la hora del poeta y el hombre
que yace en el manicomio.

Este es el soldado que volvió a casa de la guerra,
Estos son los años y los muros y la puerta
que se cierran sobre un muchacho que patea el piso
para comprender si la tierra es redonda o chata.
Este es un judío que usa un sombrero de diario
mientras bailotea meticulosamente por todo el salón,
caminando sobre la tapa de un féretro
con el marino chiflado
que exhibe su reloj,
el que dice la hora
del hombre desgraciado
que yace en el asilo de los dementes.

¹ La casi siempre refinada Bishop emplea aquí una expresión muy poco usual en su poesía, “batty”, que pertenece al slang de Nueva York. La convierto en este otro vocablo, habitual en el habla coloquial más reciente de la Argentina, creyendo encontrar el mismo tono. Los términos “demente” o “chiflado“ estimo que no llegan a él, desde un circunspecto español que no toca las alturas (y las honduras) expresivas de ningún caló, lunfardo o germanía. Mucho menos correcto me parece emplear el adjetivo “psicótico”, reservado para las traducciones perpetradas por las almas buenas al tono de nuestra época.

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VISITS TO St. ELIZABETHS

This is the house of Bedlam.

This is the man
that lies in the house of Bedlam.

This is the time
of the tragic man
that lies in the house of Bedlam.

This is a wristwatch
telling the time
of the talkative man
that lies in the house of Bedlam.

This is a sailor
wearing the watch
that tells the time
of the honored man
that lies in the house of Bedlam.

This is the roadstead all of board
reached by the sailor
wearing the watch
that tells the time
of the old, brave man
that lies in the house of Bedlam.

These are the years and the walls of the ward,
the winds and clouds of the sea of board
sailed by the sailor
wearing the watch
that tells the time
of the cranky man
that lies in the house of Bedlam.

This is a Jew in a newspaper hat
that dances weeping down the ward
over the creaking sea of board
beyond the sailor
winding his watch
that tells the time
of the cruel man
that lies in the house of Bedlam.

This is a world of books gone flat.
This is a Jew in a newspaper hat
that dances weeping down the ward
over the creaking sea of board
of the batty sailor
that winds his watch
that tells the time
of the busy man
that lies in the house of Bedlam.

This is a boy that pats the floor
to see if the world is there, is flat,
for the widowed Jew in the newspaper hat
that dances weeping down the ward
waltzing the length of a weaving board
by the silent sailor
that hears his watch
that ticks the time
of the tedious man
that lies in the house of Bedlam.

These are the years and the walls and the door
that shut on a boy that pats the floor
to feel if the world is there and flat.
This is a Jew in a newspaper hat
that dances joyfully down the ward
into the parting seas of board
past the staring sailor
that shakes his watch
that tells the time
of the poet, the man
that lies in the house of Bedlam.

This is the soldier home from the war.
These are the years and the walls and the door
that shut on a boy that pats the floor
to see if the world is round or flat.
This is a Jew in a newspaper hat
that dances carefully down the ward,
walking the plank of a coffin board
with the crazy sailor
that shows his watch
that tells the time
of the wretched man
that lies in the house of Bedlam.

(From: The Complete Poems 1927-1979 by Elizabeth Bishop, published by Farrar, Straus & Giroux, Inc., New York, 1979). Traducción y notas de © Luis Benítez, 2015.