Poesía norteamericana: Blues fúnebre para Janis, de Marge Piercy

Marge Piercy (1936) nació en la industrial Detroit (Michigan, norte de Estados Unidos) en los años de la Gran Depresión. Fue la primera de su familia en tener una educación universitaria, en parte gracias a una beca. Como estudiante empezó a participar en organizaciones políticas contestatarias de la New Left, que buscaba un camino alternativo alejado de la Unión Soviética y a la vez del anticomunismo de la izquierda liberal estadounidense. Su duradera militancia feminista la convirtió lentamente en una de las voces más importantes de ese movimiento en la literatura de su país.
Su poesía es personal y comprometida con las causas que defiende. Difícil de encasillar en una corriente artística por su estética, es más acertado situarla en el mapa de las letras estadounidenses por sus temáticas feminista, ecológica, social, antibélica y de liberación sexual, en las que se encuentra en algunos intersecciones con la generación Beat.
Marge Piercy publicó más de 17 poemarios desde Breaking Camp (1968), 17 novelas, ensayos, una obra de teatro y memorias. Actualmente vive en Wellfleet, un pueblo en Cape Cod, la costa de Massachusetts.

Blues fúnebre para Janis

Tu voz siempre me golpeó directo en el nervio del codo
de la valiente, sufrida y perra fantasía
que me gobernaba como una luna de cobre con sus fases,
hasta que pude parcialmente liberarme.
¿Qué podría hacer más que amarte por mis pesadillas?
Tu voz rechinaría directo en la médula ósea que cocina
el rico estofado de masoquismo en el que nadamos,
de la mujer nacida para sufrir, ser maltratada y engañada.
Domesticadas para ese invernadero de maduro dolor.
Nunca nos sentimos tan vivas, tan en nuestra naturaleza
como cuando caminamos con el blues trasnochado.
Cuando un hombre que no está y que por suerte se ha ido
deviene una ausencia que se infla como un globo de gas
y arrasa en nosotros pensamiento y percepción y propósito.

Oh, el oprimido, excitante y agotador blues femenino:
palpitaste allí con tu rostro ligeramente hinchado
y tu cabello con púas volando vigoroso y desbordado,
el estallido de un horno cuyo combustible es la vida entera.
Encarnaste a esa madre bondadosa que se brinda y se brinda
como una olla de sopa de pollo ebrio a una raza de hombres-rata.
Encarnaste el dolor abrazado a los senos como una criatura.
Encarnaste el hermoso y descuidado chicle de la apatía,
mujer de espaldas al mundo ofreciendo tu valiente rostro
infinita, irremediable, andrajosamente, para ser cogida.
Ese gusto por colgar en el gancho del carnicero y llamarlo amor,
esa necesidad de amar como un grito hueco en el alma:
ésa es la droga de la que pendemos y nos arrastra mortal,
como la gélida aguanieve de heroína que congeló tu sangre.

Burying Blues for Janis

Your voice always whacked me right on the funny bone
of the great-hearted suffering bitch fantasy
that ruled me like a huge copper moon with its phases
until I could partially, break free.
How could I help but cherish you for my bad dreams?
Your voice would grate right on the marrow-filled bone
that cooks up that rich stew of masochism where we swim,
that woman is born to suffer, mistreated and cheated.
We are trained to that hothouse of ripe pain.
Never do we feel so alive, so in character
as when we’re walking the floor with the all-night blues.
When some man not being there who’s better gone
becomes a lack that swells up to a gaseous balloon
and flattens from us all thinking and sensing and purpose.

Oh, the downtrodden juicy long-drawn female blues:
you throbbed up there with your face slightly swollen
and your barbed hair flying energized and poured it out,
the blast of a furnace of which the whole life is the fuel.
You embodied that good done-in mama who gives and gives
like a fountain of boozy chicken soup to a rat race of men.
You embodied the pain hugged to the breasts like a baby.
You embodied the beautiful blowsy gum of passivity,
woman on her back to the world endlessly, hopelessly, raggedly
offering a brave front to be fucked.
That willingness to hang on the meathook and call it love,
that need for loving like a screaming hollow in the soul,
that’s the drug that hangs us and drags us down
deadly as the icy sleet of skag that froze your blood.

Marge Piercy, Burying Blues for Janis, extraído de Circles on the Water, Selected Poems of Marge Piercy, Alfred A. Knopf, Nueva York, 2009.
Traducción Mariano Rolando Andrade