Calor, cansado voy con mi oro, a donde… | César Vallejo

Después de muchos años en los cuales Vallejo había dejado de escribir versos, la aparición del volumen Poemas Humanos fue una revelación; la revelación del destino realizado, del encuentro de su propio yo, del triunfo artístico. Los años de tremenda miseria no pasaron sin dejar huellas; al contrario, el dolor surcó aún más hondamente el alma del poeta. Pero junto con el dolor vino también la madurez, el adquirir de su propia conciencia, la respuesta a los grandes problemas de la existencia humana. Vallejo escribió siempre como sintió, lo que sintió; pero el impulso decisivo fue el estallido del drama español. Entre Trilce y los Poemas humanos no existe una ruptura, al contrario, la inquietud y la rebeldía concretadas en Trilce en febriles búsquedas formales, cobran en Poemas humanos nuevos matices. La visión sobre el mundo sigue sombría, pero más densa y concreta. El dolor, siempre presente, aumenta; amenazado por el presentimiento de la muerte que se acercaba, se transforma a veces en un cansancio lúcido, que tiene aún el poder de discernir la realidad.

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Calor, cansado voy con mi oro, a donde…

Calor, cansado voy con mi oro, a donde
acaba mi enemigo de quererme.
¡C’est Septembre attiédi, por ti, Febrero!
Es como si me hubieran puesto aretes.

París, y 4, y 5, y la ansiedad
colgada, en el calor, de mi hecho muerto.
¡c’est Paris, reine du monde!
Es como si se hubieran orinado.

Hojas amargas de mensual tamaño
y hojas del Luxemburgo polvorosas.
iC’est l’été, por ti, invierno de alta pleura!
Es como si se hubieran dado vuelta.

Calor, París, Otoño, ¡cuánto estío
en medio del calor y de la urbe!
¡C’est la vie, mort de la Mort!
Es como si contaran mis pisadas.

¡Es como si me hubieran puesto aretes!
¡Es como si se hubieran orinado!
¡Es como si te hubieras dado vuelta!
¡Es como si contaran mis pisadas!