Los desgraciados | César Vallejo

DESPUÉS DE MUCHOS AÑOS EN LOS CUALES VALLEJO HABÍA DEJADO DE ESCRIBIR VERSOS, LA APARICIÓN DEL VOLUMEN POEMAS HUMANOS FUE UNA REVELACIÓN; LA REVELACIÓN DEL DESTINO REALIZADO, DEL ENCUENTRO DE SU PROPIO YO, DEL TRIUNFO ARTÍSTICO. LOS AÑOS DE TREMENDA MISERIA NO PASARON SIN DEJAR HUELLAS; AL CONTRARIO, EL DOLOR SURCÓ AÚN MÁS HONDAMENTE EL ALMA DEL POETA. PERO JUNTO CON EL DOLOR VINO TAMBIÉN LA MADUREZ, EL ADQUIRIR DE SU PROPIA CONCIENCIA, LA RESPUESTA A LOS GRANDES PROBLEMAS DE LA EXISTENCIA HUMANA. VALLEJO ESCRIBIÓ SIEMPRE COMO SINTIÓ, LO QUE SINTIÓ; PERO EL IMPULSO DECISIVO FUE EL ESTALLIDO DEL DRAMA ESPAÑOL. ENTRE TRILCE Y LOS POEMAS HUMANOS NO EXISTE UNA RUPTURA, AL CONTRARIO, LA INQUIETUD Y LA REBELDÍA CONCRETADAS EN TRILCE EN FEBRILES BÚSQUEDAS FORMALES, COBRAN EN POEMAS HUMANOS NUEVOS MATICES. LA VISIÓN SOBRE EL MUNDO SIGUE SOMBRÍA, PERO MÁS DENSA Y CONCRETA. EL DOLOR, SIEMPRE PRESENTE, AUMENTA; AMENAZADO POR EL PRESENTIMIENTO DE LA MUERTE QUE SE ACERCABA, SE TRANSFORMA A VECES EN UN CANSANCIO LÚCIDO, QUE TIENE AÚN EL PODER DE DISCERNIR LA REALIDAD.

LOS DESGRACIADOS

Ya va a venir el día; da
cuerda a tu brazo, búscate debajo
del colchón, vuelve a pararte
en tu cabeza, para andar derecho.
Ya va a venir el día, ponte el saco.

Ya va a venir el día; ten
fuerte en la mano a tu intestino grande, reflexiona,
antes de meditar, pues es horrible
cuando le cae a uno la desgracia
y se le cae a uno a fondo el diente.

Necesitas comer, pero, me digo,
no tengas pena, que no es de pobres
la pena, el sollozar junto a su tumba;
remiéndale, recuerda,
confía en tu hilo blanco, fuma, pasa lista
a tu cadena y guárdala detrás de tu retrato.
Ya va a venir el día, ponte el alma.
Ya va a venir el día; pasan,
han abierto en el hotel un ojo,
azotándolo, dándole con un espejo tuyo…
¿Tiemblas? Es el estado remoto de la frente
y la nación reciente del estómago.
Roncan aún… ¡Qué universo se lleva este ronquido!
¡Cómo quedan tus poros, enjuiciándolo!
¡Con cuántos doses ¡ay! estás tan solo!
Ya va a venir el día, ponte el sueño.

Ya va a venir el día, repito
por el órgano oral de tu silencio
y urge tomar la izquierda con el hambre
y tomar la derecha con la sed; de todos modos,
abstente de ser pobre con los ricos,
atiza
tu frío, porque en él se integra mi calor, amada víctima.
Ya va a venir el día, ponte el cuerpo.

Ya va a venir el día;
la mañana, la mar, el meteoro, van
en pos de tu cansancio, con banderas,
y, por tu orgullo clásico, las hienas
cuentan sus pasos al compás del asno,
la panadera piensa en ti,
el carnicero piensa en ti, palpando
el hacha en que están presos
el acero y el hierro y el metal; jamás olvides
que durante la misa no hay amigos.
Ya va a venir el día, ponte el sol.

Ya viene el día; dobla
el aliento, triplica
tu bondad rencorosa
y da codos al miedo, nexo y énfasis,
pues tú, como se observa en tu entrepierna y siendo
el malo ¡ay! inmortal,
has soñado esta noche que vivías
de nada y morías de todo…