Inversión de los sentidos en los trovadores (Raimbaut d´Aurenga / Bernart de Ventardorn) • por Juan Arabia

La elevación estética en la historia de la poesía construyó divergentes estelas, muchas y cada una de ellas posibles: el desarreglo razonado de todos los sentidos de Rimbaud, el camino de los excesos de William Blake, así como las profecías y sueños de S. T. Coleridge, o las visiones místicas de Allen Ginsberg, por sólo nombrar algunos ejemplos.
Durante el inicio de la lírica moderna, muchos de los trovadores de la Provenza ejecutaron artificios similares, por medio de símbolos como la primavera.

La elevación estética en la historia de la poesía construyó divergentes estelas, muchas y cada una de ellas posibles: el desarreglo razonado de todos los sentidos de Rimbaud, el camino de los excesos de William Blake, así como las profecías y sueños de S. T. Coleridge, o las visiones místicas de Allen Ginsberg, por sólo nombrar algunos ejemplos.
Durante el inicio de la lírica moderna, muchos de los trovadores de la Provenza ejecutaron artificios similares, por medio de símbolos como la primavera (Guilhem de Peitieu, Jaufré Rudel, Marcabrú, Cercamon, Piere Rogier, etc.) .
Es muy común observar en el inicio de estas canciones cómo una estación climática dictaminaba la elevación (o por tanto motivación) de sus cantos.
Pero existen otros casos, como el de Raimbaut d´Aurenga o el de Bernart de Ventardorn, donde estos cimientos se construyen a partir de la introducción de los verbos “desnaturar” o “invertir” en situaciones experienciales adversas.
En Bernart de Ventardorn, la introducción en el uso del verbo desnaturar (Tant ai mo cor ple de joya / tot me desnatura), que significa “cambiar de naturaleza”, “transformarse”, el trovador se eleva en un altísimo sentido de lo poético. El corazón hace cambiar de naturaleza (desnatura) las cosas sensibles; y todo se transforma (como en Rimbaud, pero en un sentido positivo) a los ojos del poeta por influjo de la felicidad: la fría escarcha se convierte en flor, la nieve pasa a ser verdor de prado y el paisaje de invierno se invierte o transmuta en primavera. Así leemos en los primeros versos de la canción Tant ai mo cor ple de joya:

Tanto tengo mi corazón lleno de alegría
que todo me lo desnatura.
El frío me parece flor blanca,
roja y amarilla,
porque con el viento y la lluvia
me crece la ventura;
por lo que mi mérito aumenta
y sube y mi canto mejora.
Tanto amor tengo en el corazón,
alegría y dulzura,
que el hielo me parece flor
y la nieve verdor.

El mismo sentido puede apreciarse en los famosos versos de Raimbaut d´Aurenga, Er resplan la flors enversa, y que debe leerse como flor “inversa”, “invertida” o “contraria”:

Resplandece ahora la flor inversa
por los afilados riscos y las colinas.
¿Qué flor? Nieve, hielo y escarcha,
que corta, deshace y quiebra,
donde veo muertos los ruidos, gritos
y silbos en las ramas, brotes y hojas;
pero me mantiene joven y alegre
cuando veo secos a los viles malvados.

La inversión de Raimbaut d´Aurenga se hace clus desde su definición, y por tanto hermética y cerrada, y sólo entendible para para unos pocos, los elegidos:

Vaya mi verso, que así lo invierto
para que no lo detengan valles ni cerros,
allí donde no se siente la escarcha
y donde el frío no tiene poder para cortar.

Es el momento donde Raimbautd d´Aurenga canta para pequeño sector, afectado por las mismas adversidades existenciales, aún recordando que un trovador vivía de su oficio y que necesitaba de una amplia popularidad para que sus canciones se divulguen.