PASTERNAK: Raíz cósmica de una humilde verdura (El proceso de su concepción del mundo)| por Víctor TOLEDO

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Borís Leonídovich Pasternak, el poeta más importante, con Osip Mandelshtam, de la generación de Plata (principios de nuestro siglo hasta la primera década de su segunda mitad, la más notoria desde los clásicos rusos: Bieliy, Ajmátova, Gumiliov, Tsvietáieva, Mayakovski, Yesenin, Xlébnikov, etc.), desborda tres grandes momentos en su concepción del mundo, que podríamos llamar poética: un sistema ético-estético-poético. Las diferentes formas del conocimiento de la filosofía como sistema y de la poesía como técnica (gramática, sintaxis, métrica, imaginación…) y la percepción, intuición o visión (o Gracia en el sentido platónico), en Pasternak, confluyeron para lograr una particularísima poética que en la forma no tenía parangón en la historia de la literatura rusa, aunque afirmaba su origen en el legado de Pushkin.

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La poética para cualquier poeta representa su relación directa con la vida, y su creación correspondida, regulada, por el servicio a la Musa y la elección de ésta hacía él, la vida lírica (para recordar a Dilthey) es más destino que voluntad o deseo.

Los tres grandes períodos creativos de Pasternak, generalizando, podríamos verlos así: el primero, la adolescencia y su relación con Skriabin que consistió en su traslado del mundo de la música al mundo filosófico. La influencia del gran compositor ruso hacia el joven aspirante (a compositor) inclinó las dudas al encuentro con la idea del hombre superior, tomada de las concepciones nitzscheanas y wagnerianas y cambió su conducta en relación con su entorno.

Sin discusión Pasternak tenía suficiente talento musical -su madre había sido una excelente concertista de piano- pero le dominó la idea -falsa, por cierto- de que un verdadero compositor no puede desarrollarse sin “oído absoluto”, la idea del hombre superior devino, en la concepción de  su maestro Skriabin, en la del artista superior: un ser que -además de estar por encima de su tiempo y su sociedad- dominara como Dios las técnicas y disciplinas de su oficio. Así, Pasternak abandona la carrera musical (quedaron para siempre su hermandad con uno de los más grandes pianistas del siglo, Sviatoslav Rijter,  sus ensayos sobre Chopin y algunas composiciones -para piano- de juventud).

La reflexión de Skriabin sobre el tópico nietzschiano se volvió hacia Pasternak en sufrimientos interiores. Tomándolo de manera totalizadora, el mito del oído absoluto,  se topó con estas ideas como clara señal de una espera inútil: que una estancia superior cambiara su decisión de no elegirlo creador -según él- de ser sólo artesano, sin lo cual -como ahora sabemos- tampoco puede darse un artista completo. Pero teniendo la suficiente capacidad para llegar a comprender la diferencia interior entre técnica y talento como partes de la creación, él buscó una razón superficial para desprenderse del camino de compositor”.¹    

Pasternak extendió al artista la categoría de hombre superior y lo empezó a definir  como un sinuoso y exigente camino hacia la poesía: el encuentro consigo mismo. Skriabin contribuyó a mostrar este camino -sin quererlo-  cuando le aconsejó inscribirse a  la Facultad de Filosofía de la Universidad de Moscú. Al terminar pasó a la escuela avanzada donde brillantemente desarrollaba  las ideas del pensamiento clásico germano. 

Profundizó en la filosofía kantiana y hegeliana. En estos años las simpatías de los alumnos de la facultad  se dispersaron por tres direcciones: unos se interesaron por la fenomenología del origen, de E.  Husserl; otros se apasionaron con las ideas de Bergson. Pasternak -decíamos-  siguió las huellas de la filosofía idealista alemana. En esta tradición, gozaba de mucha estima la escuela de Marburgo. Otro grande de la filosofía clásica rusa, C. Trubetzkoy (recordamos su reflexión sobre el lapislázuli de los iconos) escribía sobre esta escuela y enviaba hacía allá a sus alumnos más destacados.

Suponemos que el encuentro con los estudiantes de Trubetzkoy -ya residente en Marburgo- influyó definitivamente para la elección del joven Pasternak. Tan en serio se tomó las conversaciones con ellos que pasó,    “dos años preparando el viaje, la palabra Marburgo no se desprendía  de mi lengua”.

El poeta debía ser como una esponja que lo absorbiera todo. Pero la poesía era una enfermedad superior que sólo los grandes creadores sufrían. Este sería el primer período.

Su poesía al llegar a Temas y variantes  -título de su cuarto libro-, se iba ciñendo, más y más, con el pensamiento kantiano, que se rompía sólo gracias a su poder convocatorio panteísta. Pero al comienzo de los años cuarenta, el poeta llegó a una profunda crisis espiritual, en su creación aparecieron nuevos parámetros: los sociales. En 1936 escribió que estaba  dispuesto a marginar la conciencia a favor de la creación, pero después de 1941 su antítesis poesía-conciencia se encontró ceñida por el pensamiento hegeliano que privilegiaba la ética por sobre todo, pero en el  Segundo nacimiento, después de la crisis, su poesía surgió desde el interior de su reflexión filosófica del  mundo, como una reflexión más auténtica, que resumía todos sus hallazgos y tropiezos: pasó del pensamiento sobre la  no existencia al pensamiento sobre lo que existe. Desde aquí llegan cabalgando en el vapor sus poemas épicos El teniente Smith y 1905, intentos interesantes pero sin gran fortuna, sobre todo por la forma y el aliento un tanto forzado (el gran aliento épico sólo lo tenían Mayakovski y, un tanto, Marina Tsvietáieva);  no obstante,  la poesía ondeó como bandera para transformar al mundo, se convirtió en poder que saltaba más allá de unos cuantos elegidos. Sabía que su deuda de poeta consistía en salvar al mundo a través del arte.

En el tercer período del poeta -el de la madurez- convergen esas dos tendencias o tentativas mencionadas: resuelve la tesis y antítesis arte-conciencia en la síntesis de la armonía de la Verdad. El mayor equilibrio de su estética no requiere ahora de justificantes éticas o morales, porque la Verdad es su percepción volitiva y está más allá del humano entendimiento. En esta última riada, de la que surgieron  El Doctor Zhivago y Cuando se pasea de más, Pasternak entiende con plenitud la misión del poeta y el significado del arte, como Heidegger interpretó la poética clásica de Hölderlin y, cómo éste, pergeñó en su locura iluminada sus mejores poemas. Pero todo esto ya se daba intuitiva y genialmente en la libertad delirante de Mi hermana la vida, uno de sus primeros libros, el que Rilke conoció para calificarlo de gran poeta. El último periodo equilibra la técnica, sin dejar a un lado la brillantez de su expresión tan rusa y tan moderna, la germanofilia enriquece su eslavofilia de la que rescata y preserva sus raíces trayéndolas intactas en su profundidad y contenido a la forma necesaria de su tiempo.

El primer periodo, lluvia, en el amor, estuvo marcado por el rechazo, en la mítica ciudad alemana que cobijaba la famosa escuela, a su petición de mano de una aristocrática dama rusa de apellido Visotsky. Esto lo rescató de la filosofía para la poesía. El joven filósofo, abruptamente, abandonó la carrera y comenzó a escribir su primeros poemas importantes, como “Marburgo”  que formaría parte de su segundo libro.

En el segundo diluvio destacan  la adoración que sentía por Marina Tsvietáieva y las Cartas del Verano de 1927  entre él, ella y Rainer María Rilke. De esta relación quedaría excluido el poeta ruso cuando Marina y Rilke se enamoran (epistolarmente). Pasternak se sintió profundamente traicionado ya que él edificó, tímida y cuidadosamente, el soñado encuentro con el poeta praguense “que encarnaba a la poesía misma”. Rilke murió esperando y escribiéndole poemas a Marina -quizá las últimas rosas que cortó también eran para ella-, y ella jamás, por más que lo intentó, debido a las circunstancias de guerra, pudo llegar a su encuentro y terminó sus días, sin  que Pasternak -seguramente amenazado- respondiera a sus llamados, bañada de soledad, secándose con el terror (su familia deportada y agredida), colgándose, ¿o colgada?, a causa de  las tortuosas presiones de “los hombres de negro” del régimen staliniano.

El tercer torrente lo encausó  una gran pasión: el encuentro con el amor de su vida: Olga Ivínskaya, redactora de la mejor revista rusa de la época, Novi Mir (Mundo Nuevo), dirigida por el famoso poeta épico oficial, Tvardovski. Ella es la Larisa del Doctor Zhivago y la Magdalena de los poemas de la gran novela, que, siendo como una epopeya de la personalidad, de la individualidad, es, quizá, la novela más profunda, épica y hermosa de la historia moderna rusa (pierde  mucho, por supuesto, con la traducción). Italo Calvino escribiría: “… De los años de fuego de la vanguardia rusa y soviética, Pasternak salvó la tensión hacia el futuro, la interrogación conmovida sobre el hacerse de la historia; y ha escrito un libro que, nacido como fruto tardío de una gran tradición concluida, llega por sus caminos solitarios a ser contemporáneo de la principal literatura moderna occidental, a confirmar implícitamente las razones de ésta.” 

Olga fue recluida en un campo  de concentración por su relación con el poeta prohibido, y sólo casi ancianos pudieron reencontrarse.

Con el gran filósofo Pavel Florensky -desaparecido en los campos de concentración- el poeta coincide -con su sistema de imágenes- en la idea  cósmico-mística de la Perspectiva inversa, según la cual,  en los iconos, es Dios quien nos ve a nosotros (la hierba, el bosque, nosotros, somos su perspectiva) desde la madera dorada y lapislázuli, y no al revés: Dios no pude ser visto o representarse, tal una entelequia superior. Fue Andrei Riublov -genio iluminado y excélsior  pintor ruso- quien, en la agonía de la Edad Media, en el siglo XV, sin hacer uso de la perspectiva, que ya  se desarrollaba  en Europa occidental por los grandes pintores renacentistas (“no por desconocimiento de ésta” -Pavel Florensky-  sino por las herméticas reglas de la “escritura” -pintura iconográfica que la prohíbe por convicción teológica-), desde sus -aparentes- figuras planas, penetró en la  infinita dimensión del  Espíritu, en el mundo interior.

Marina Tsvietáieva solía decir que a Pasternak nadie le entendía pero a todos gustaba:“Los ojos de Pasternak no sólo quedan impresos para siempre en nuestra conciencia, sino que permanecen físicamente en todas las cosas que él alguna vez hubiese mirado, en forma de señal, marca, patente, de modo que podamos establecer con precisión si se trata de la hoja de un árbol que había mirado Pasternak o de una hoja común y corriente. Al absorber la hoja con su ojo, la devuelve marcada (…) Después de leer a Pasternak, durante cierto espacio de tiempo, la lectura luego resulta insoportable por la tensión ocular y cerebral que produce, como si uno estuviera viendo a través de unos anteojos demasiado precisos, más precisos de lo que el propio ojo requiere (¿existirá un ojo tal que tolere la visión de Pasternak?).”²

Formado el poeta en la legendaria universidad germana, neoidelaista- neokantiana, que buscaba incorporar los más recientes  descubrimientos científicos a un sistema filosófico nuevo, elaboraba complejas pero bellísimas imágenes cargadas de su personal cosmovisión y de su perspectiva poética (imágenes pensantes, filosofía en imágenes), tampoco quería hablar imitando a la naturaleza y se emparentó con las ideas mallarmeanas y creacionistas. No obstante, Pasternak no acalló al Ruiseñor para poder gritar-cantar, tan solo desde la intimidad de su infinito Yo. Invirtió -sostenido por sus raíces eslavas- los términos: propuso una especie de Superyó: que la naturaleza, El Espíritu en la tradición rusa  -poesía y ruiseñor-, hablara de él. De ahí la complejidad de las imágenes, el Duj  dionisiáco-apolíneo cantará por aquella existencia que reclama su absoluto cósmico:   individualidad por encima de la historia.

El apellido Pasternak proviene del nombre de la raíz de una verdura rusa.  Humilde raíz que hizo brotar a un gran poeta y a un humanista agricultor que llevaría las premisas cristianas de Tólstoi a una práctica más natural y armoniosa dictada por una verdadera necesidad: Cultivar el bosque y traducir. En aquellos tiempos de guerras civiles y patrióticas, de la Revolución, fueron estas labores, para Pasternak, no solo el tallo del sustento familiar  (lo único que se le permitía publicar eran traducciones, en su mayoría del alemán y el inglés), sino la posibilidad de ayudar a las viudas de sus amigos, poetas desaparecidos en los campos de concentración. Tal como lo hizo Yuri Zhivago (“el vivo” en ruso antiguo) con su huerto de papas; álter ego del poeta, que  a su vez lo fue de un Jesús silencioso e intenso, a través del cual la esencia del romanticismo, con sus grandes luceros amotinados, como Hölderlin, Rimbaud y Nerval, se coló al cristianismo con su propuestas escandalosas y profundas, de cósmica raíz.

Pasternak le dio a la ortodoxia rusa un erotismo astral, una mística del amor totalizante, divino, terrenal y patrio ( en una sola ola de mujer), que tiene sus primeros brotes en el culto ruso del filósofo Soloviov por Sofía (la diosa griega bizantina de la sabiduría). Lara, Magdalena (Olga Ivínskaya), era para Pasternak la imagen de la Rusia herida, violada, la sufrida mujer que por su gran belleza se condena y se salva. El erotismo místico de Pasternak está ya en su poesía primigenia: Larus  (en griego, gaviota) flota como una cruz desnuda del cielo en éxtasis:

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Sobre el techo que estaba iluminado

las sombras se acostaban.

Cruzados brazos y cruzadas piernas

y destinos cruzados.

Caían dando un golpe sobre el suelo

Un par de zapatillas

y lágrimas de cera de la vela

sobre el traje (…)

Desde un rincón, sobre la vela, un soplo

…………………..y al momento una fiebre

de tentación alzaba en cruz las alas

como un ángel.

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Pasternak nació en Moscú en 1890 y en 1958 (dos años antes de su muerte) recibió el Nóbel de Literatura. Conoció a Rilke (amigo de su padre, el pintor Leonid Pasternak) cuanto éste se dirigía a ver a Tólstoi. Esa mágica impresión de su niñez quizá lo definió como poeta, pues la música y la filosofía -como vimos- fueron las primeras vocaciones que ejerció de manera brillante.

Pasternak es signo de agua. Toda su poética gira sobre el eje esbelto de la lluvia, y sobre el ojo del huracán (que a veces deviene en historia). La nieve, agua sólida, aparentemente quieta, forma el manto purísimo de los paisajes con un fondo donde la muerte retrata su perfil. Así como la naturaleza (en la hierba) después de la lluvia (como en Santa Teresa), produce la iluminación, la Gracia, a través de la luz de una esmeralda divina.

Las poéticas de Hölderlin y de Pasternak esencialmente son similares, sólo que el pivote es distinto, aunque cercano o de la misma substancia; para el poeta germano es la atmósfera azul, mientras que para el eslavo es la lluvia: su verde ver intenso. El pensaba (coincidiendo con Teilhard de Chardin y las místicas hindúes) que la historia es parte de la espiral cósmica ascendente del movimiento del espíritu y que el origen del mal se produce al interrumpir su desenvolvimiento natural. La historia no es humana pero, en sus momentos culminantes, puede transparentar y realizar la misión verdadera de la individualidad.

Pasternak fue, en toda la línea, un continuador genial de Pushkin; como él fue en esencia antihegeliano y la Belleza (y la estética) eran más importantes para ellos que la verdad y la ética (sin que éstas se marginen: se desarrollan de aquellas), pues aquella era una Verdad divina y ésta una racionalización. Si la música “es la más alta filosofía” -como quería su preceptor Skriabin- su “sinfonía de luz” se realizó en los versos. 

Mi hermana la vida, el libro más inspirado de poemas del primer periodo, además, hereda del aliento de Lermontov -de abismales cañadas- (de dos poemas, sobre todo, “Tamara” y  “El Demonio”), donde se continúa la zaga de la tradición demoniaca de las literaturas rusa y alemana.

También hay que notar una temprana influencia de Mayakovski y del futurismo³: Pasternak superaría ésto y la estética de Skriabin con su certeza mística -tan lejana de la ortodoxia religiosa-: enemiga silenciosa, pero implacable, de toda dictadura.

Siendo un gran lírico, fue el único poeta que pudo escribir la dramática y grandiosa epopeya rusa. 

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TRISTEZA

Para este libro como epígrafe
Enronquecían los desiertos
Bramaban los leones y hasta las auroras de tigres
Se extendía Kipling.
Secándose el terrible pozo de la tristeza abierta
Se mecían acariciando y castañeando
Lana helada.
Ahora, arrullándose continuamente
En versos fuera de rango
Aparece soñando el Ganges
Y arrastra a la niebla con el rocío de pradejones.
Amanece con frío escarnecedor
En el foso y en las junglas repta
La humedad del réquiem y el incienso.
Mi hermana la vida y ahora desbordada
Se hirió -lluvia de primavera contra todos-
Pero la gente enjoyada, altiva gruñe
Y amable muerde como las víboras en la avena.
Los mayores para esto tienen su razón
Sin duda, es cómica la tuya:
Que en la tormenta los ojos y el prado sean lilas
Y el horizonte odore con húmeda reseda.
Que en mayo, el horario de los trenes
Que lees en el camino, en la bifurcación de Kamishinkaya,
Sea más grandioso que la Sagrada Lectura
Aunque desde el principio lo releas.
Que apenas el crepúsculo alumbra a las aldeanas
Eleva un enjambre fogoso en el andén,
Oigo, estación equivocada,
Y el sol, sentándose, de mí se compadece.
En el tercer chapoteo flota la campanilla
Con sus eternas disculpas: lo siento, no es aquí.
Quemándose en la noche arranca el tren bajo la cortinilla
Y se derrumba la estepa, desde el peldaño a la estrella.
Parpadeando, cintilando, pero duermen todos dulcemente
En un lugar. Y sueña mi amada Fata Morgana
La hora en que el corazón, ardiendo en las plataformas,
Las puertas de los vagones derrama por la estepa.

DEFINICIÓN DE LA POESÍA

Es el silbo súbitamente madurado
El chasquido de hielitos apretados
Es la noche que congeló a la hoja
Y el duelo entre dos ruiseñores.
Es el guisante dulce ahogado
Son las lágrimas del universo en vainas
Es fígaro de atriles y de flautas
Y se derrumba con el granizo sobre el huerto.
Todo, lo que es tan importante de hallar para la noche
En las profundidades de las certenejas
Y llevar a la estrella hasta el parterre
En las húmedas palmas temblorosas.
El calor sofocante más plano que tablas en el agua
El firmamento que cayó con el alisio
A las estrellas les sienta hacer reír a carcajadas
Es un lugar abandonado el universo.

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DEFINICIÓN DEL ALMA

Con la pera madura volar en la tormenta
Con su hoja indivisible.
Es tan fiel, dejó su rama
E iconoclasta se ahogará en sequía.
Con la pera madura, con el torcido viento.
Es tan fiel: “¡A mí no me revuelca!”
Le digo que voltee pues dejó de tronar en la belleza,
Dejó de arder, se regó por la ceniza.
Fulminó la  tormenta a nuestra patria
Polluelo, ¿reconoces tu nido?
Hoja mía, más medrosa que el jilguero,
Mi tímida seda, ya no tiembles.
No temas, canción inseparable,
¿Hacia dónde podríamos partir?
“Aquí”, adverbio mortal, ni te imagina
Nuestro indiviso palpitar.

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DEFINICIÓN DEL ARTE

Desordena las solapas de las camisas,
Velludo como el torso de Beethoven,
Cubre sus fichas con la mano
Y es el sueño, la conciencia, la noche y el amor.
Y  con qué pieza tan negra coronada
Con qué frenética tristeza
Prepara las presentaciones de la luz
Con el caballero sobre los terrestres peones.
Y en el jardín, al pie del sótano, desde el témpano
Las estrellas derraman su perfume
Y exclaman con el  Ruiseñor: sobre la tumba de Isolda
La helada de Tristán se atragantó.
Y es los jardines y estanques y verjas,
Y hierve con blancos clamores,
El universo: sólo descargas de pasión
Acumuladas en el  corazón.

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TEMAS Y VARIACIONES

(1916-1922)

Por aquí cruzó la uña misteriosa del enigma
Es tarde, mejor me iré a dormir
y con las luces del alba
Lo comprenderé. Mientras no me despierten
Tocaré a mi amada, como nadie sabe.
¡Cómo te tocaba!
Incluso con el cobre de mis labios te tocaba
Como una tragedia conmociona a su auditorio.
Te tocaba. El beso era un verano
Se venía en agostado día estival que tardaba y tardaba
Y de pronto derramaba la tormenta.
Bebía como las aves, dilatándose hasta perder el conocimiento.
Lentas corrían por la garganta las estrellas
Y los ruiseñores temblando, con los ojos en blanco
Apuraban gota a gota el firmamento.

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POEMAS DE YURI ZHIVAGO

(1946-1953)

VERANILLO DE SAN MARTÍN

Los groselleros cuecen sus lenguas de aspereza.
Las risas tintinean en los cristales
en la cocina se trincha y se sazona
con clavo con pimienta se adoba se marina.
Y el bosque como enano se divierte
lanzando estos rumores contra los espinazos:
tatemados al sol los avellanos
dejaron la piel viva en el brasero.
En una torrentera terminó el sendero
la tristeza bañó las viejas cepas
tan resecas- y al otoño -en harapos-
que todo en el torrente ha ido amontonando.
Da pena sea tan simple el universo
más de lo que supone el que es muy listo
que el bosque parezca sumergido en agua
que el fin anegue ya las cosas.
Y que de nada sirva los ojos restregarse
cuando todo se quemó junto a tus labios
ya la neblina blanca que el otoño trajo
lanzó su telaraña a la ventana.
La cerca derruida del jardín abrió un espacio
se pierde por la senda de  abedules.
A las risas, riachuelos y ruidos del trabajo casero
lejos, el cosmos, responde con eco cristalino.

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MAGDALENA

Apenas llega la noche y aparece mi demonio,
Pagaré por mi pasado.
Llegan sorbiendo mi cuerpo y el alma
Recuerdos de mi depravación
Cuando era la bruta poseída
La esclava del capricho de los hombres
Y mi refugio era la calle.
Quedan unos instantes
Y vendrá un silencio sepulcral.
Pero antes que terminen con mi vida,
Vaso de  alabastro que sació su borde,
A tus pies lo haré pedazos.
¡Dónde estaría yo
Maestro mío, mi Salvador,
Si en las noches, a la mesa,
La eternidad sensual no me esperara
Como en las redes de mi profesión
Un nuevo visitante atraído por mi sed.
Pero explícame qué es el pecado,
La muerte, el infierno, la azufrada llama,
Si ante los ojos de todos
Como el retoño del  tallo
Uní a tu talle mi tristeza inmensa.
Cuando aprietan mis rodillas
Tus firmes pies, Jesús,
Tal vez aprendo a abrazar
La recta viga de la  cruz
Y perdiendo los sentidos me arrojo a tu cuerpo:
Te preparo para la inhumación.

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NOTAS
1 N. F. Ovchinmikov, Boprociy  Filosofii.
2 Versión de T. Bubnova.
3 Nótese la coincidencia de imágenes, de raíz romántica, empero; en relación con  los temas musicales, la lluvia, el agua, los jardines, la vastedad metafísica del espacio del paisaje, los ferrocarriles -tejedores de destinos solitarios y multitudes-, etc., en algunos poemas, sobre todo los primeros, con los de Andamios interiores (1922) y Poemas interdictos (1927) -Vrbe (1924), tendría relación con Mayakovski-  de Maples Arce). Roman Jakobson inauguró la poética moderna estudiando a Pasternak en relación con las estructuras musicales, a Mayakovski con las del muralismo y a Xlébnikov con las semánticas.


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® ENSAYO Y TRADUCCIONES de VÍCTOR TOLEDO, PASTERNAK: RAIZ COSMICA DE UNA HUMILDE VERDURA (EL PROCESO DE SU CONCEPCION DEL MUNDO). Buenos Aires Poetry 2020.