Las manzanas de oro | Víctor Toledo

Víctor Toledo (Córdoba, Veracruz, México, 1957) es poeta y ensayista. Premio Regional de Cuento 1980, Premio Nacional de Poesía Joven 1983, Medalla Pablo Neruda 2004, Veracruzano Distinguido 2004, Becario en distintas ocasiones de Fonca y Conaculta en poesía y traducción. Antologado en las antologías más importantes mexicanas. Doctor en Filología rusa por la Universidad Lomonosov de Moscú en 1992. 

Las manzanas de oro

HERA se una vez
Las manzanas de oro de Ladón
Celadas en el firmamento
Por el nocturno triángulo de las Hespérides.
Corté una sin querer
Pues la poesía me poseía
Y pensé que era una estrella que podía alcanzar
Y la probé
Su sabor al paraíso me tornó
A mi lugar de origen donde una pomarrosa
Solitaria y brillante como Dios
(Yambo de la manzana con sabor a rosa,
Metro y transporte de la sinestesia natural)
Florecía el firmamento en la colina
A cuyo pie un arroyo con voz de plata le cantaba
El verano de oro era su fondo
(Las cuerdas delirantes de la lira).
Y desde entonces
Llevo en mi boca su perfume
Roza mis labios la manzana-rosa:
Estoy enamorado de la eternidad.

Nota:
Yambo: Del sánscr. jambu.1. m. Árbol de la familia de las mirtáceas, procedente de la India oriental, muy cultivado en las Antillas, tiene hojas opuestas y lanceoladas, inflorescencia en la cima y por fruto la pomarrosa. 2. Metro, pie, de la poesía griega y latina. Abundaba en Córdoba; Veracruz.
El Jardín de las Hespérides:”Normalmente las Hespérides eran tres son meros símbolos de los dones que encarnan las manzanas: Egle (‘brillo’ o ‘esplendor’), Aretusa, Eritia (o Eriteis), Hesperia (alternativamente Hespereia, Héspere, Héspera, Hesperusa o Hesperetusa), Lípara, Astérope y Crisótemis. A veces se las llamaba Doncellas de Occidente, Hijas del Atardecer o Erythrai, ‘Diosas del Ocaso’, todas ellas designaciones aparentemente ligadas a su imaginada situación en el distante oeste. Hésperis es apropiadamente la personificación del atardecer (como Eos es la del amanecer) y la estrella vespertina es Héspero. Además de cuidar del jardín obtenían gran placer al cantar.
Es el huerto de Hera en el oeste, donde un único árbol o bien toda una arboleda daban manzanas doradas que proporcionaban la inmortalidad. Los manzanos fueron plantados de las ramas con fruta que Gea había dado a Hera como regalo de su boda con Zeus. A las Hespérides se les encomendó la tarea de cuidar de la arboleda, pero ocasionalmente recolectaban la fruta para sí mismas. Como no confiaba en ellas, Hera también dejó en el jardín un dragón de cien cabezas llamado Ladón como custodio.”

Extraído de Del Polen de Víctor Toledo | Buenos Aires Poetry, 2019.