“Más que muertos” de Anthony Cronin | por Juan Arabia

Anthony Cronin (Enniscorthly, 1923 – Dublín, 2016) alcanzó notoriedad y presencia en las letras de Irlanda a partir de su primer libro de poemas, Poems, en 1958. Aunque mucho antes que eso se había sumergido en la pobreza, pubs y en la vida bohemia de Dublín, Londres y París.

Más que muertos (1976), en ese sentido, es un libro fundacional dentro de su propio proyecto literario. Porque si bien fue escrito años después de su reconocimiento, en este memorial se describen todos sus recuerdos de Dublín y Londres durante la década de 1950 y sus experiencias con los escritores irlandeses Brendan Behan, Patrick Kavanagh y Flann O´Brien, a quienes se suman los pintores escoceses Robert MacBryde y Robert Colquhoun y el novelista británico Julian Maclaren-Roos, “todos ellos grandes artistas hoy reconocidos, y en su tiempo bohemios relativamente fracasados”, como señala el traductor de esta reciente entrega para LOM ediciones, Jorge Fondebrider.

«Libro cuya concreción enviste cierto tono desmitificador: Cronin no deja de lamentarse de Irlanda y del mundo de las letras, junto a su compañero de viaje, Brendan Behan, “el Dylan Thomas de los pobres”.»

Ese lugar, tan aclamado por escritores que él admiraba como Hemingway o Fitzgerald, no demostraba ser una gran fuente de posibilidades: “realmente no había bohemia en la que entrar que se ajustara a nuestro tipo (…). No debíamos saberlo entonces, pero estábamos presenciando el nacimiento de la nueva bohemia, que ni siquiera prestaba atención a cualquier forma de arte que no fuera la música más rudimentaria”.

En su vuelta a Dublín, posteriormente, conoce y retrata al poeta Patrick Kavanagh, cuya figura encarna la contradicción que se presenta a lo largo de este libro.

Kavanagh representaba todo lo que un hombre de genio debía soportar en el ambiente literario de Dublín. Al ser del interior de Irlanda, era llamado “hombre del pantano”. Por compartir su vida en pubs con los vagos de Grafton Street, había ganado una reputación de “patán torpe, desastrado y carente de modales”.

Son estos matices, estas contradicciones, las que van por un lado mostrando los márgenes de la vida artística literaria en pubs de Dublín y posteriormente en los bares de Soho de Londres, donde conoció al artista Robert MacBryde: “En Soho, los valores que habían dado origen al verdadero arte de vanguardia del siglo estaban representados, aunque más no fuera, por el número de bajas en el campo de batalla”.

Desde su propia experiencia y posición de clase, para Cronin el gran arte de nuestro tiempo no había sido entonces producido por los patrones arquetípicos creados por los genios solitarios y sufrientes, sino por los hombres quebrados de Soho: “Como muchos de los amigos y conocidos del Soho, pertenecía a una generación quebrada, la que había llegado durante la guerra. Como los Robert, como Paul Potts, incluso como Dylan Thomas con toda su fama era, para empezar, un hombre quebrado, alguien para quien las condiciones, la naturaleza misma del éxito y su ausencia, se habían visto alteradas por la calamidad pública”.

Algo que recupera de la voz misma de Kavanagh, al principio de estas memorias, y que le decía al respecto: “todo artista o aspirante a artista que tenga un ingreso privado (…) era un «impostor». La existencia de tales personas «confundía la cuestión», distraía la atención del «artículo genuino»”.

Libro controversial y polémico al menos en su momento de emisión, tal como sugiere The Irish Times para muchos parecía que Cronin estaba siendo cruel o incluso algo difamatorio con los muertos.

Lo cierto es que se trata de un libro no sólo lleno de afecto sino de una clara toma de partido y postura a favor de sus pares.


Publicado originalmente en «Cultura» DIARIO PERFIL, Domingo 15 de Julio de 2018.