No Matarás (Un Memorial para Dylan Thomas) – de Kenneth Rexroth

No matarás
Un Memorial para Dylan Thomas 

Nota del autor . . . . . .

Este poema fue escrito de una sentada, unas horas después de recibir una llamada telefónica desde Nueva York con la noticia de que Dylan Thomas había muerto. El poema circuló ampliamente entre todos mis amigos. Las copias fueron claramente etiquetadas: “PARA NO SER PUBLICADO”. Sin embargo, fue impreso sin autorización en japonés, griego, francés, inglés y varios otros idiomas, aunque de forma abreviada. En la mayoría de los casos, creo que fue pensado como una munición efectiva durante la Guerra Fría. Después de ver la última sección impresa, un amigo me escribió “Tienes razón, poderosamente, pero el otro lado es mucho peor”. ¿El “otro lado”? ¿Dylan y yo somos el “otro lado”? El poema se dirige contra el vigésimo, el Siglo del Horror. Dice lo mismo que Hölderlin y Baudelaire afirmaron sobre el siglo diecinueve, pero con el beneficio de lo que los filósofos llaman “una serie de inclusión”; cien años más.

Kenneth Rexroth

I.

Están matando a todos los jóvenes.
Durante medio siglo, todos los días,
Los han perseguido y los han matado.
Los están matando ahora mismo.
En este momento, en todo el mundo,
Están matando a los jóvenes.
Ellos conocen diez mil maneras de hacerlo.
Cada año inventan nuevas formas.
En las junglas de África,
En los pantanos de Asia,
En los desiertos de Asia,
En las prisiones de Siberia,
En los barrios marginales de Europa,
En los clubes nocturnos de América,
Los asesinos están haciendo su trabajo.

Están apedreando a Stephen,
Lo están echando de todas las ciudades del mundo.
Debajo del cartel de Bienvenida,
Bajo el emblema de Rotario,
En la carretera de los suburbios,
Su cuerpo yace bajo las piedras lanzadas.
Él estaba lleno de poder y fe.
Hizo cosas magníficas para el pueblo.
No podían oponerse a su sabiduría.
No podían soportar el espíritu con el que hablaba.
Levantó la voz en nombre
De los tabernáculos del testimonio en el desierto.
Ellos fueron cortados al corazón.
Rechinaron contra él con sus dientes.
Gritaron con una voz ruidosa.
Detuvieron sus oídos.
Lo persiguieron en común acuerdo.
Los expulsaron de la ciudad y lo apedrearon.
Los testigos dejaron su ropa
A los pies de un hombre cuyo nombre era el tuyo─
Tú.

Tú eres el asesino.
Estás matando a los jóvenes.
Estás asando a Lawrence sobre su parrilla.
Cuando exigiste que él divulgara
Los tesoros ocultos del espíritu,
Él te señaló a los pobres.
Pusiste tu corazón contra el suyo.
Lo agarraste y ataste con furia,
Y lo asaste a fuego lento.
Su grasa goteaba y chorreaba en la llama.
El olor era dulce para tu nariz.
Él gritó:
“Estoy cocido de este lado,
Dame vuelta y come,
Tú.
Come de mi carne”.

Tú estás asesinando a los jóvenes.
Estás disparando a Sebastian con flechas.
Él mantuvo firmes a los fieles bajo la persecución.
Primero le disparaste con flechas.
Luego lo golpeaste con varas.
Luego lo arrojaste a una alcantarilla.
Temías de su coraje.
Tú apartaste los ojos
de la valentía de los jóvenes.

Tú,
La hiena de cara pulida y corbata de lazo
En la oficina de una Corporación
De un billón de dólares dedicada al servicio;
El buitre empapado de carroña,
Cuidadosamente y desprolijamente vestido con importados trajes,
Sermoneando sobre la Era de la Abundancia;
El chacal en gabardina de doble botonadura,
Ladrando por control remoto,
En las Naciones Unidas;
El murciélago vampiro sentado en la cabeza del sofá,
Cuaderno en mano, jugando con su descerebrador;
El cáncer autónomo, ambulatorio,
El Superego en mil uniformes;
Tú, el hombre-dedo de behemot,
El asesino de los jóvenes.

II.

¿Qué pasó con Robinson,
el que solía bajar tambaleándose por Eight Street,
Mareado de solitario gin?
¿Dónde está Masters, el que se encerró
En su despacho de abogados durante ruinosas décadas?
¿Dónde está Leonard, el que creía que era
Una Locomotora? Y Lindsay,
Sabio como una paloma, inocente
Como una serpiente, ¿dónde está?
……….Timor mortis conturbat me.

¿Qué pasó con Jim Oppenheim?
¿Y con Lola Ridge, sola en una
Fría habitación amueblada? ¿Y con Orrick Johns,
Cojeando entre las olas sobre su
Única pierna? ¿Y con Elinor Wylie
Que saltó como Kierkegaard?
¿Dónde está Sara Teasdale?
……….Timor mortis conturbat me.

¿Dónde está George Sterling, ese manso cervatillo?
¿Y Phelps Putnam que se marchó?
¿Y Jack Wheelwright que no pudo cruzar el puente?
¿Y Donald Evans con su bastón
Y monóculo? ¿Dónde está?
……….Timor mortis conturbat me.

¿Y John Gould Fletcher, el que no pudo
Arreglar su poderoso corazón?
¿Y Bodenheim, descuartizado en la asquerosa
Miseria? ¿Y Edna Millav, la que tomó
Su último whisky puro? Y Genevieve
Que amó tanto, ¿dónde está?
……….Timor mortis conturbat me.

¿Y Harry, al que nada le importaba en absoluto?
¿Y Hart que regresó al mar?
……….Timor mortis conturbat me.

¿Dónde está Sol Funaroff?
¿Qué pasó con Potamkin?
¿Y con Isidor Schneider? ¿Y con Claude McKay?
¿Y con Countee Cullen? ¿Y con Clarence Weinstock?
¿Quién anima sus cadáveres el día de hoy?
……….Timor mortis conturbat me.

¿Dónde está Ezra, ese hombre ruidoso?
¿Dónde está Larsson, cuyos poemas eran plegarias?
¿Dónde está Charles Snider, ese muchacho gentil
Y amargado? ¿Y Carnevali,
Qué habrá pasado con él?
Carol era tan hermosa, ¿dónde está?
……….Timor mortis conturbat me.

III.

¿Fue el final de todos ellos noble y trágico,
Como la máscara de un tirano?
¿Como el rostro dorado y secreto de Agamenón?
En realidad no. Toda la noche
En la cubierta principal del extremo de la proa,
Aturdido y golpeado, sangrando por el recto, en su
Bolsillo una crítica escrita por el único colega
Que merecía respeto,”Si realmente quiso decir
Lo que estos poemas aparentan representar, sólo
Le queda una salida─”. Hacia el
Acre sol ardiente del Caribe,
Hacia el acre y transparente
Mar lleno de humo. Otro, piojos
En sus axilas y en la entrepierna, basura desparramada
Sobre el piso, trapos grises y grasientos
Sobre la cama: “Los maté porque eran unos
Sucios y apestosos Comunistas,
Deberían darme una medalla.” Otro,
de nuevo, del que Simenon predijo
su final de un vistazo “Te reto
a que aprietes el gatillo.” Ella cerró sus ojos
Y derramó ginebra sobre su vestido.
La pistola tambaleó en su mano.
Les llevó horas morir.
Otra se tiró a la planta baja
Y se rompió la espalda. Le llevó años morir.
Dos metieron sus cabezas bajo el agua
En la bañadera e inundaron sus pulmones.
Otro se tiró bajo el tráfico
De un puente lleno de personas.
Otro, borracho, saltó de un
Balcón y se rompió el cuello.
Otra se empapó en
Gasolina y corrió ardiendo
En la calle para luego vivir
Custodia. Uno sólo hizo el amor
Una vez con una mendiga.
Murió años después con sífilis
Hasta el cerebro y la médula. Quince
Años de dolor y pobreza
Mientras su mente se fugaba.
Uno intentó ahogarse tres veces
En un período de veinte años. La última vez
Tuvo éxito. Otra encendió el gas
Cuando ya no tenía dinero ni
Comida, y sólo le quedaba medio pulmón.
Una fue a Harlem, estuvo
Con un Thirty man, luego regresó a su casa
Y se cortó la garganta. Uno se sentó toda la noche
A conversar con H. L. Mencken y
Se ahogó por la mañana.

¿Cuántos dejaron de escribir a los treinta?
¿Cuántos fueron a trabajar para la revista Time?
¿Cuántos murieron de lobotomías
Prefrontales en el Partido Comunista?
¿Cuántos están perdidos en pabellones ocultos
De manicomios provinciales?
¿Cuántos siguieron el consejo de
Sus psicoanalistas, y decidieron
Que después de todo lo mejor era dedicarse a los negocios?
¿Cuántos son alcohólicos sin esperanza?

¡René Crevel!
¡Jacques Rigaud!
¡Antonin Artaud!
¡Mayakofsky!
¡Essenin!
¡Robert Desnos!
¡Saint Pol Roux!
¡Max Jacob!
En todas partes del mundo
La misma mano incorpórea
Nos golpea.
Aquí hay una montaña de muerte.
Una colina de cabezas como la de los Khanes se amontona.
El primogénito de un siglo
Es asesinado por Herodes.
Tres generaciones de infantes
Atorados en las fauces de Moloch.

IV

Él está muerto.
El pájaro de Rhiannon.
Él está muerto.
En el invierno del corazón.
Él está muerto.
En el profundo valle de la muerte,
Finalmente lo encontraron mudo,
En la tormenta de nieve de mentiras.
Él nunca habló de nuevo.
Él murió.
Él está muerto.
En sus manos antisépticas.
Él está muerto.
El pequeño hechicero de Cader Idris.
Él está muerto.
El gorrión de Cardiff.
Él está muerto.
El canario de Swansea.
¿Quién lo mató?
¿Quién mató al iluminado pájaro?
Tú lo mataste, hijo de puta.
Lo ahogaste en tu cóctel cerebral.
Él cayó y murió en tu corazón sintético.
Tú lo mataste.
Oppenheimer, asesino de millones,
Tú lo mataste,
Einstein, la Gris Eminencia.
Tú lo mataste.
Havanahavana, con tu Premio Nobel.
Tú lo mataste, General,
Con los medios más apropiados.
Tú lo estrangulaste, Le Mouton,
Con tus mains étendues.
Él confesó en una audiencia pública ante un cráneo con prismáticos.
Tú le disparaste en la nuca
Mientras él se tropezaba en la última bodega.
Tú lo mataste,
Benigna Señora en la estampilla.
Lo encontraron muerto en el almuerzo del semanario liberal.
Lo encontraron muerto en el piso de la sala de edición.
Lo encontraron muerto en la conferencia política de la revista Time.
Henry Luce lo mató con un telegrama dirigido al Papa.
La revista de moda Mademoiselle lo estranguló con un corpiño relleno.
El viejo Possum lo roció con una bolsa de té.
Cuando los lobos terminaron, los vaticidas
Arrastraron sus intestinos hacia sus clases y sus publicaciones trimestrales.
Cuando llegaron las noticias de la radio
Tú personalmente gritaste: “¡Dennos a Barrabás!”
En tu solitaria multitud le pasaste por encima.
Tus zapatos hechos a medida y tus zapatillas de ballet
Lo patearon hasta morir en la empedrada calle.

Lo golpeaste con un álbum de Hundermith.
Lo apuñalaste con el acero inoxidable de Isamu Noguchi.
Él está muerto.
Él está muerto.
Como Ignacio el torero,
A las cuatro de la tarde.
A las cuatro en punto.
Yo tampoco quiero saberlo.
Yo tampoco quiero escucharlo.
Quiero salir corriendo a la calle,
Gritando, “¡Recuerden a Vanzetti!”
. . . Y todos los pájaros del profundo océano se levantaron
Sobre los lujosos cruceros y gritaron,
“¡Tú lo mataste! Tú lo mataste.
Con tu maldito traje de Brooks Brothers,
Tú lo mataste, hijo de puta.”

Thou Shalt Not Kill

A Memorial for Dylan Thomas 

Author´s note . . . . . .

This Poem was written in one sitting, a few hours after a phone call came from New York with the news that Dylan Thomas had died. It was circulated widely to all my friend. The copies were all plainly labelled “NOT FOR PUBLICATION”. Neverthless it has been printed, without permission, in Japanese, Greek, French, English and several others languajes, in a shortened form. In most cases I believe it was thought to be effective ammunition in the Cold War. After seeing the last section in print a friend wrote me “You have a point, powerfully put, but the other side is much worse”. The “other side”? Dylan and I are the “other side”? The poem is directed against the twentieh, the Century of horror. it says the same thing Holderlin or Baudelaire said of the nineteenth century, but it has the benefit of what the philosophers call “an inclusion series”; one hundred more years.

I

They are murdering all the young men.
For half a century now, every day,
They have hunted them down and killed them.
They are killing them now.
At this minute, all over the world,
They are killing the young men.
They know ten thousand ways to kill them.
Every year they invent new ones.
In the jungles of Africa,
In the marshes of Asia,
In the deserts of Asia,
In the slave pens of Siberia,
In the slums of Europe,
In the nightclubs of America,
The murderers are at work.

They are stoning Stephen,
They are casting him forth from every city in the world.
Under the Welcome sign,
Under the Rotary emblem,
On the highway in the suburbs,
His body lies under the hurling stones.
He was full of faith and power.
He did great wonders among the people.
They could not stand against his wisdom.
They could not bear the spirit with which he spoke.
He cried out in the name
Of the tabernacle of witness in the wilderness.
They were cut to the heart.
They gnashed against him with their teeth.
They cried out with a loud voice.
They stopped their ears.
They ran on him with one accord.
They cast him out of the city and stoned him.
The witnesses laid down their clothes
At the feet of a man whose name was your name—
You.

You are the murderer.
You are killing the young men.
You are broiling Lawrence on his gridiron.
When you demanded he divulge
The hidden treasures of the spirit,
He showed you the poor.
You set your heart against him.
You seized him and bound him with rage.
You roasted him on a slow fire.
His fat dripped and spurted in the flame.
The smell was sweet to your nose.
He cried out,
“I am cooked on this side,
Turn me over and eat,
You
Eat of my flesh.”

You are murdering the young men.
You are shooting Sebastian with arrows.
He kept the faithful steadfast under persecution.
First you shot him with arrows.
Then you beat him with rods.
Then you threw him in a sewer.
You fear nothing more than courage.
You who turn away your eyes
At the bravery of the young men.

You,
The hyena with polished face and bow tie,
In the office of a billion dollar
Corporation devoted to service;
The vulture dripping with carrion,
Carefully and carelessly robed in imported tweeds,
Lecturing on the Age of Abundance;
The jackal in double-breasted gabardine,
Barking by remote control,
In the United Nations;
The vampire bat seated at the couch head,
Notebook in hand, toying with his decerebrator;
The autonomous, ambulatory cancer,
The Superego in a thousand uniforms;
You, the finger man of behemoth,
The murderer of the young men.

II

What happened to Robinson,
Who used to stagger down Eighth Street,
Dizzy with solitary gin?
Where is Masters, who crouched in
His law office for ruinous decades?
Where is Leonard who thought he was
A locomotive? And Lindsay,
Wise as a dove, innocent
As a serpent, where is he?
……….Timor mortis conturbat me.

What became of Jim Oppenheim?
Lola Ridge alone in an
Icy furnished room? Orrick Johns,
Hopping into the surf on his
One leg? Elinor Wylie
Who leaped like Kierkegaard?
Sara Teasdale, where is she?
……….Timor mortis conturbat me.

Where is George Sterling, that tame fawn?
Phelps Putnam who stole away?
Jack Wheelwright who couldn’t cross the bridge?
Donald Evans with his cane and
Monocle, where is he?
……….Timor mortis conturbat me.

John Gould Fletcher who could not
Unbreak his powerful heart?
Bodenheim butchered in stinking
Squalor? Edna Millav who took
Her last straight whiskey? Genevieve
Who loved so much; where is she?
……….Timor mortis conturbat me.

Harry who didn’t care at all?
Hart who went back to the sea?
……….Timor mortis conturbat me.

Where is Sol Funaroff?
What happened to Potamkin?
Isidor Schneider? Claude McKay?
Countee Cullen? Clarence Weinstock?
Who animates their corpses today?
……….Timor mortis conturbat me.

Where is Ezra, that noisy man?
Where is Larsson whose poems were prayers?
Where is Charles Snider, that gentle
Bitter boy? Carnevali,
What became of him?
Carol who was so beautiful, where is she?
……….Timor mortis conturbat me.

III

Was their end noble and tragic,
Like the mask of a tyrant?
Like Agamemnon’s secret golden face?
Indeed it was not. Up all night
In the fo’c’sle, bemused and beaten,
Bleeding at the rectum, in his
Pocket a review by the one
Colleague he respected, “If he
Really means what these poems
Pretend to say, he has only
One way out—.” Into the
Hot acrid Caribbean sun,
Into the acrid, transparent,
Smoky sea. Or another, lice in his
Armpits and crotch, garbage littered
On the floor, gray greasy rags on
The bed. “I killed them because they
Were dirty, stinking Communists.
I should get a medal.” Again,
Another, Simenon foretold,
His end at a glance. “I dare you
To pull the trigger.” She shut her eyes
And spilled gin over her dress.
The pistol wobbled in his hand.
It took them hours to die.
Another threw herself downstairs,
And broke her back. It took her years.
Two put their heads under water
In the bath and filled their lungs.
Another threw himself under
The traffic of a crowded bridge.
Another, drunk, jumped from a
Balcony and broke her neck.
Another soaked herself in
Gasoline and ran blazing
Into the street and lived on
In custody. One made love
Only once with a beggar woman.
He died years later of syphilis
Of the brain and spine. Fifteen
Years of pain and poverty,
While his mind leaked away.
One tried three times in twenty years
To drown himself. The last time
He succeeded. One turned on the gas
When she had no more food, no more
Money, and only half a lung.
One went up to Harlem, took on
Thirty men, came home and
Cut her throat. One sat up all night
Talking to H. L. Mencken and
Drowned himself in the morning.

How many stopped writing at thirty?
How many went to work for Time?
How many died of prefrontal
Lobotomies in the Communist Party?
How many arc lost in the back wards
Of provincial madhouses?
How many on the advice of
Their psychoanalysts, decided
A business career was best after all?
How many are hopeless alcoholics?

René Crevel!
Jacques Rigaud!
Antonin Artaud!
Mayakofsky!
Essenin!
Robert Desnos!
Saint Pol Roux!
Max Jacob!
All over the world
The same disembodied hand
Strikes us down.
Here is a mountain of death.
A hill of heads like the Khans piled up.
The first-born of a century
Slaughtered by Herod.
Three generations of infants
Stuffed down the maw of Moloch.

IV

He is dead.
The bird of Rhiannon.
He is dead.
In the winter of the heart.
He is Dead.
In the canyons of death,
They found him dumb at last,
In the blizzard of lies.
He never spoke again.
He died.
He is dead.
In their antiseptic hands,
He is dead.
The little spellbinder of Cader Idris.
He is dead.
The sparrow of Cardiff.
He is dead.
The canary of Swansea.
Who killed him?
Who killed the bright-headed bird?
You did, you son of a bitch.
You drowned him in your cocktail brain.
He fell down and died in your synthetic heart.
You killed him,
Oppenheimer the Million-Killer,
You killed him,
Einstein the Gray Eminence.
You killed him,
Havanahavana, with your Nobel Prize.
You killed him, General,
Through the proper channels.

You strangled him, Le Mouton,
With your mains étendues.
He confessed in open court to a pince-nezed skull.
You shot him in the back of the head
As he stumbled in the last cellar.
You killed him,
Benign Lady on the postage stamp.
He was found dead at a Liberal Weekly luncheon.
He was found dead on the cutting room floor.
He was found dead at a Time policy conference.
Henry Luce killed him with a telegram to the Pope.
Mademoiselle strangled him with a padded brassiere.
Old Possum sprinkled him with a tea ball.
After the wolves were done, the vaticides
Crawled off with his bowels to their classrooms and quarterlies.
When the news came over the radio
You personally rose up shouting, “Give us Barabbas!”
In your lonely crowd you swept over him.
Your custom-built brogans and your ballet slippers
Pummeled him to death in the gritty street.

You hit him with an album of Hindemith.
You stabbed him with stainless steel by Isamu Noguchi,
He is dead.
He is Dead.
Like Ignacio the bullfighter,
At four o’clock in the afternoon.
At precisely four o’clock.
I too do not want to hear it.
I too do not want to know it.
I want to run into the street,
Shouting, “Remember Vanzetti!”
. . . And all the birds of the deep sea rise up
Over the luxury liners and scream,
“You killed him! You killed him.
In your God damned Brooks Brothers suit,
You son of a bitch.”

Extraído de Ann CHARTERS, The Portable Beat Reader, NY, Penguin Books, 1992, pp. 233-241. Traducción de Juan Arabia para Buenos Aires Poetry, 2017.

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